El trasplante de órganos representa una de las intervenciones médicas más transformadoras de la ciencia moderna, pero en Colombia enfrenta una brecha preocupante entre la necesidad clínica y la disponibilidad real. Actualmente, más de 4100 personas permanecen en una lista de espera a la deriva, aguardando un órgano que les permita retomar sus actividades cotidianas.

De este grupo, 3858 pacientes requieren un riñón, mientras que otros esperan por un hígado, pulmón o corazón. Pese a que entre 2025 y lo que va del presente año se han realizado más de mil intervenciones, la tasa de donación sigue estancada en apenas 7,4 donantes por millón de habitantes, una cifra muy inferior a los estándares internacionales necesarios para cubrir la demanda.

El trasplante de órganos representa una de las intervenciones médicas más transformadoras de la ciencia moderna | Foto: CREADA CON IA

Detrás de estas estadísticas frías se encuentran realidades humanas profundas, como la historia de María Fernanda López García, una menor que, tras años de padecer una trombosis de la vena porta, logró superar un complejo trasplante multivisceral.

Su caso, atendido por la Fundación Valle del Lili, es un ejemplo del rigor técnico que exige la medicina actual. La doctora Verónica Botero, gastroenteróloga hepatóloga pediatra, señala que este tipo de procedimientos son altamente demandantes: “Sustituir varios órganos del abdomen en una sola cirugía, sumado a la necesidad de controlar el rechazo del intestino, requiere un trabajo coordinado y sostenido en el tiempo. El éxito en pacientes pediátricos es un logro monumental”.

La historia de María Fernanda López García. | Foto: Suministrada a El País

Para enfrentar este desafío, instituciones como la Fundación Valle del Lili se han consolidado como referentes nacionales, acumulando más de 5000 trasplantes de órganos sólidos desde 1995.

Su modelo de atención integral destaca por ser el único en el país capaz de realizar trasplantes multiviscerales y combinados de riñón-páncreas. Este éxito se sustenta en una logística de alta precisión que moviliza a más de 70 profesionales, quienes deben sincronizarse en pocas horas para garantizar la viabilidad del tejido, desde cirujanos e inmunólogos hasta expertos en cuidado intensivo y soporte permanente.

Sin embargo, el avance clínico enfrenta una barrera adicional en el Valle del Cauca, la actual emergencia humanitaria en salud. Con una ocupación del 220.7% en servicios de alta complejidad y el cierre de unos 2000 servicios asistenciales, el sistema está bajo una presión extrema.

La secretaria de Salud departamental, María Cristina Lesmes, ha advertido que el desabastecimiento de medicamentos y la parálisis financiera amenazan la continuidad de tratamientos esenciales, incluyendo aquellos para pacientes trasplantados que requieren un suministro constante de inmunosupresores para evitar el rechazo de los órganos.

Ante este panorama, las autoridades enfatizan que la solución no depende únicamente de la tecnología o de la capacidad hospitalaria. El reto es fundamentalmente social.

El modelo de “Hospital Donante”, implementado con éxito, demuestra que cuando existe conciencia, se logran resultados asombrosos; cerca del 90% de los órganos provienen del mismo centro hospitalario, optimizando tiempos críticos. No obstante, fomentar la cultura de la donación entre los ciudadanos sigue siendo el eslabón más urgente.