En el conjunto Torres del Limonar, en el barrio Capri, sur de la ciudad de Cali, los organismos de socorro trabajan aún entre toneladas de escombros en busca de personas que permanecen atrapadas.
Aunque han transcurrido más de 72 horas desde el fuerte terremoto registrado en la mañana del pasado lunes 10 de agosto, los rescatistas no descartan la posibilidad de encontrar sobrevivientes. Por eso batallan duro en este punto de la tragedia.
El silencio se convierte en una de las principales herramientas de los equipos de búsqueda y rescate que trabajan en el conjunto Torres del Limonar, uno de los puntos más afectados por el terremoto que sacudió a Cali.
En este lugar, donde se estima que alrededor de 35 personas podrían permanecer sepultadas, los organismos de socorro adelantan una compleja operación de remoción de placas y escombros, mientras mantienen abierta la posibilidad de hallar señales de vida.
Las labores se concentran especialmente en la recuperación de cuerpos y en la búsqueda de posibles sobrevivientes, por eso hay varios turnos en las labores de búsqueda, apoyadas por voluntarios.
Los rescatistas explican que, cuando existe algún indicio que pueda corresponder a una persona atrapada, se ordena detener las labores y guardar absoluto silencio para intentar detectar cualquier señal.
“Milagro, milagro”, respondió uno de los integrantes del operativo al ser consultado sobre la posibilidad de encontrar personas con vida después de varias horas bajo los escombros.
La operación cuenta con la participación de Bomberos de Cali, Bogotá y Jamundí, grupos de rescate de la Policía, la Fuerza Aérea y otras entidades de socorro, que trabajan de manera coordinada en la remoción de las estructuras colapsadas.
Los equipos avanzan con extrema precaución, debido a la inestabilidad de las placas y a la posibilidad de que nuevos movimientos puedan poner en riesgo tanto a las personas atrapadas como a los propios rescatistas.
Torres del Limonar también se convirtió en escenario de dolor para numerosas familias. Entre las personas que permanecían en este conjunto se encontraba la familia del periodista Carlos Aponte, cuya situación ha generado especial preocupación entre sus allegados.
Al caer la noche, las labores no se detienen. Soldados, policías, bomberos y rescatistas continúan retirando cuidadosamente toneladas de material, con la esperanza de recuperar a quienes permanecen bajo los restos de las edificaciones.