El Banco de Alimentos de Cali es una organización que nació con el propósito de minimizar el hambre y la pobreza en la ciudad. Hoy en día, el 14,5 % de los hogares de la capital del Valle consume dos o menos comidas al día, según el Dane.

Para cumplir su objetivo, el Banco (que es liderado por la Arquidiócesis de Cali) recibe aportes, donaciones, bonos de amor y realiza diversas actividades para poder favorecer a 79 comedores comunitarios, uno de estos es Cosechamor, ubicado en la comuna 13.

Martha Lucía García es la representante legal de comedor y se dice que es ‘la madre de la comunidad’ por calmar el hambre de los habitantes del barrio Charco Azul, ubicado en el oriente de la ciudad.

Cuando Martha tenía 30 años trabajaba cuidando a 12 niños en su casa, es decir, era una madre comunitaria y debido a una enfermedad que le trajo graves secuelas para su salud, dejó de cuidar por tiempo completo a los infantes. Sin embargo, en busca de reducir las problemáticas de su gente, montó una pequeña olla para compartir alimentos, labor que con el tiempo se transformó en comedor comunitario.

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“Yo tengo 67 años y hace 12 años mataron a mi nieto, eso hace que tengo este comedor. Lo monté por él y por los niños del barrio, porque en ese tiempo reclutaban muchos infantes para vender drogas o portar armas”, expresó.

Al principio para sostener el comedor, Martha recibía recursos de un hogar infantil y tiempo después hizo la gestión para que la Arquidiócesis de Cali la ayudará. “El Banco de Alimentos nunca nos ha cerrado sus puertas, ni siquiera en la pandemia, y pese a todas las adversidades cada 15 días nos da un mercado”.

Martha sirve los almuerzos diariamente en Cosechamor y junto a siete personas más, que en su mayoría son familia, sostienen y contribuyen con el funcionamiento del lugar.

Actualmente Cosechamor recibe donaciones fijas, dos veces al mes, de alimentos perecederos y no perecederos gracias al Banco de Alimentos y hace cinco años, tiene el apoyo del programa ‘Corazón Contento’.


En el comedor el almuerzo cuesta $ 500 para los niños y $ 2000 para los adultos, sin embargo, hay personas que no tienen dinero e igualmente Martha les da el alimento, “aquí se les da comida a todos, no importa si trae $ 1000, si trae ropa o si traen un asiento, porque yo se que es tener hambre”, dijo.

Diariamente se atienden a más de 50 personas y el dinero que se recolecta varía entre los $ 60.000 y $ 70.000, los cuales son destinados para el sostenimiento y pago de sus servicios básicos del lugar.

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Un comensal icónico que diariamente visita el comedor es Jhon Jairo Molina, que tiene 64 años y está agradecido con Cosechamor por darle alimento durante 6 años. Con una buena actitud y entre risas con los vecinos del lugar, Jairo cuenta que es una persona desahuciada.

“Me pusieron cuatro inyecciones mal aplicadas y el doctor me dijo que tenía ocho días de vida. Eso fue hace 22 años”, declaró.

El comedor Cosechamor es uno de los tantos beneficiados por la ayuda del Banco de Alimentos, que en el periodo de enero a octubre del 2022, ha atendido aproximadamente a 320 fundaciones al mes, con un promedio de 63.570 beneficiarios. Y hasta octubre se han recibido un total de 3.211.849 kilos de donaciones entre fruver, bebidas, abarrotes, aseo, lácteos, cárnicos, panadería, granos, ropa, refrigerados, reciclaje y electrodomésticos de 1500 donantes.

Los comedores que son cobijados por el Banco de Alimentos pertenecen a dos categorías y de esa manera se asignan las donaciones. La modalidad fija, se caracteriza por enviar un mercado quincenal que contiene la mayor parte de alimentos de la canasta básica familiar, y la modalidad de eventual, es aquella que brinda productos catalogados como refrigerios, para complementar la atención que brindan en actividades sociales puntuales.

Es importante destacar que los comedores que pertenecen al Banco se capacitan en el centro formativo CEFODES, para que de esta manera adquieran conocimientos, al igual que habilidades y estrategias para ser lugares sostenibles a largo plazo.

De acuerdo con el padre Joaquín Gómez, director del Banco de Alimentos, desde la entidad también se promueve la reducción de pérdidas y desperdicios de alimentos, se recuperan productos y bienes donados, que aún tienen vida útil, pero que de alguna manera han perdido su valor comercial como, por ejemplo, textiles, elementos de aseo, electrodomésticos, equipos de oficina y artículos para el hogar.

“En esta época decembrina estamos haciendo una campaña para recolectar juguetes, ropa y productos de aseo para que sean donados para niños menores de 10 años en Cali y del Medio Baudó, en el Departamento del Chocó”, explicó.

Apoyo a las familias

Funsecum es un comedor que también recibe apoyo del Banco de Alimentos, el cual está ubicado en el barrio Mortiñal al oeste de la ciudad y es manejado por tres mujeres cabezas de familia.

La primera es Soila Marina Ortiz, la chef del comedor, quien con su gran sazón siempre encanta a todos los comensales, también es madre de cinco hijos. “Es una bendición no solamente para nosotras tres sino también para toda nuestra comunidad tener este trabajo”, dijo.

Por su parte, Cindy Lorena Ortiz es enfermera de profesión y madre de dos hijas, que junto con sus compañeras madruga día a día para atender el lugar. “Nosotras llegamos a las 8:00 a.m. para empezar con nuestras labores, primero se hace el aseo general y luego se pone en marcha el almuerzo, es una tarea diaria”.

Al comedor llegan unas 100 personas al día y ese conteo lo lleva María de los Ángeles Meléndez, madre de tres hijos que se ha dedicado el último año a apoyar las labores del comedor.

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A pesar de la dura labor que les compete, agradecen al comedor comunitario por permitirles estar ahí, ya que por sus flexibles horarios pueden ejercer su rol de madres sin problema.

“Esta es una forma de estar más pendiente de mis hijas, ya que ejerciendo mi profesión no tenía con quién dejarlas, sobre todo a la menor”, resaltó Cindy Ortiz.

Funsecum, no solo es un lugar donde se sirven almuerzos, también es un espacio en el que María de los Ángeles, Cindy y Soila están pendientes de la salud y el bienestar de las personas que las visitan, pues conocen la gran mayoría de historias. “Todos los días viene un abuelito que vive solo y sufre de Alzheimer, él me llama casi siempre y yo le doy su medicamento, ya que como tiene esa enfermedad hay que estar pendiente de que venga a almorzar y si algún día no viene, nosotras lo vamos a buscar”, comentó Cindy.

En la ciudad también operan otros comedores comunitarios que son apadrinados por programas sociales de la Administración, que asegura apoyar a más de 600 de estos espacios, ubicados en los sectores más vulnerables de Cali que sufren por las dificultades económicas.