El terremoto de México narrado por colombianos: "Yo vi caer un edificio"

El terremoto de México narrado por colombianos: "Yo vi caer un edificio"

Septiembre 19, 2017 - 07:08 p.m. Por:
Jamir Mina Quiñónez / reportero de El País  
Terremoto México

Un sismo de magnitud 7,1 en la escala abierta de Richter sacudió fuertemente la capital mexicana y causó escenas de pánico y colapsos de estructuras.

EFE/ El País

"Las cosas tienen vida propia, todo es cuestión de despetarles el ánima".

La frase que escribió Gabriel García Márquez, en uno de los apartes de Cien Años de Soledad, su obra cumbre, tal vez sea la mejor forma de describir lo que pasó este martes en México.

Los 7.1 grados del terremoto que sacudió al centro de ese país pasada la 1:00 p.m. hicieron parecer que, por unos segundos eternos, todas las cosas inertes cobraron vida.  

De la furia de la naturaleza no pudo huir nadie en límites de Morelos y Puebla, donde fue el epicentro. Tampoco en Ciudad de México, donde todo se movía como hace justamente 32 años, aquel 19 de septiembre de 1985, cuando miles de personas murieron en un aterrador sismo.

Margarita Solano, periodista y escritora vallecaucana radicada en México hace 17 años, fue testigo de ese momento.

"Estaba en mi apartamento que queda en un cuarto piso, escribiendo y todos los libros de mi biblioteca empezaron a caer, en principio no me di cuenta que era un sismo porque no sonó la alarma, que regularmente suena 40 segundos antes de un sismo: cuando todo empezó a moverse bruscamente me ubiqué en el marco de la puerta y me puse a rezar mucho, mientras el edificio se movía de arriba hacia abajo muy fuerte", relata. 

"Fueron los segundos más largos de mi vida. En la mitad del terremoto sí pensé que me iba a morir", cuenta.

Terremoto México

Un sismo de magnitud 7,1 en la escala abierta de Richter sacudió fuertemente la capital mexicana y causó escenas de pánico y colapsos de estructuras.

EFE/ El País

"Minutos después, el conserje de mi edificio me tocó la puerta y me dijo que iba a ir por mis hijos al colegio; apenas en ese momento pude reaccionar. Agarré las llaves, me puse unos tenis y salí a la calle", dice. 

Como en la obra cumbre de Gabo, el panorama en la calle parecía irreal: desplome de edificios, explosiones en azoteas y ríos de gente que caminaban sin rumbo alguno. Solo caminaban.

"Cuando salí me puse a llorar porque me tocó ver caer un edificio y presenciar la explosión de una azotea de otra edificación. Pensaba en la gente que podía estar ahí y eso me producía mucha tristeza; además, la gente caminaba por medio de las vías sin importar que un carro las atropellara. Todo el mundo quería evitar una posible caída de más edificios", dice Margarita. 

Pese a ese panorama, ella, con el valor propio de una reportera que ha enfrentado múltiples escenarios, siguió conduciendo en búsqueda de sus hijos, aunque no paraba de llorar. "La gente lloraba en las calles y yo lo hacía igual. Sentía una tristeza enorme porque tan solo en mi barrio vi tres edificios destruidos". 

"Alcancé a llegar por mis hijos, aunque me tardé muchísimo, porque los semáforos no servían. Las casas tenían mucha polvareda. Ahora, estamos en la casa de una prima, ya que en nuestro apartamento hay una fuga de gas y no podemos entrar. Aunque la gente está acostumbrada a los terremotos, hay un ambiente de miedo en las calles".

En otra zona del Distrito Federal, el diseñador gráfico caleño Nilton Torres, radicado desde hace más de una década en México, dice que el panorama es desolador. 

"Cuando sentí el terremoto corrí y al bajar las escaleras era como si te empujaran entre ellas. La sensación de que se le pueda caer un edificio encima es horrible. Es la cosa más tremenda que jamás he vivido", explica.

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"Muchas caras tristes, vecinos con sus mascotas y maletas en la calle esperando una réplica, edificios en la calle de Liverpool evacuados porque el temblor los dejó inhabitables, el olor a gas es insoportable, caos total, las calles llenas de gente que se resiste a creer lo que pasó", cuenta.

Sobre su vivienda dice que el piso se hundió con el temblor.  E insiste en que en las calles se ven escenas fuera de lo común. "Gritan los policías (...) mamá estás bien (...), son algunas de las cosas que más se escuchan en las calles de personas que hablan por celular en búsqueda de sus familiares". 

En Ciudad de México se suspendieron los servicios eléctricos, de gas, metro y no opera el aeropuerto. Este terremoto se presenta tan solo 12 días después del sismo de 8,2 que se presentó en el sur país y que dejó al menos 98 personas muertas. 

"La gente está haciendo albergues en las calles. Los edificios están muy averiados y las personas tienen miedo de entrar a sus casas", añade Nilton. 

En otras ciudades como Toluca, a 60 kilómetros de Ciudad de México, también hay afectaciones. Mónica González, una colombiana oriunda de Piendamó, Cauca, reside en México desde hace seis años. 

"Fue terrible porque se sintió más fuerte que el presentado hace 15 días. Íbamos llegando a mi casa con una amiga y mientras ella estaba parqueando su carro, cuando todo comenzó a moverse bruscamente. Rápidamente me ubiqué en el marco de la puerta", asegura. 

Luego de esos segundos de pánico Mónica recordó el terremoto de Popayán de 1983, que también tuvo la desgracia de vivir. "Hicimos la remembranza y sin duda este que sentimos acá fue más fuerte. Una tragedia", dice con voz entrecortada. 

"Apenas terminó el terremoto se fue la energía, no había internet. Todo fue un caos por unos momentos, porque la gente salía a buscar a sus familiares. En mi caso yo quería saber de mi hija que estaba en la Universidad", complementa Mónica. 

Tan solo dos horas antes del terremoto en todo México se realizó un simulacro para repasar el comportamiento ciudadano en caso de sismo. 

José Guzmán, empresario caleño radicado en México, también tuvo la desdicha de presenciar el remezón de la tierra en Toluca. "Yo estaba en las oficinas de mi trabajo, en la parte del comedor cuando comenzó el evento. Era como si fuera un globo que lo mueve el aire, así se meneaba todo". 

Puntualiza que todas las calles colapsaron, "no había semáforos y toda la gente salía huyendo de las edificaciones. Todas las empresas y escuelas suspendieron labores y mandaron a sus empleados a sus casas para revisar los daños en las instalaciones". 

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