Valores vallecaucanos: Dalia Conde, la mujer que forma musicalmente a miles de niños

Diciembre 10, 2017 - 08:00 a. m. 2017-12-10 Por:
Redacción de El País 
Valores vallecaucanos - canto por la vida

Desde hace más de 20 años, Canto por la Vida prepara un concierto de Navidad que lleva a comunidades urbanas y rurales.

Especial para El País

De lunes a sábado, Dalia Conde Libreros ve cómo sucede la magia. Ve y escucha. En la fundación que dirige, cientos de niños se reúnen estos días para aprender a interpretar instrumentos como el tiple, la bandola, la guitarra, la flauta y el teclado.

Ginebrina de nacimiento e hija de un músico apasionado, Dalia está a la cabeza de Canto por la Vida, una fundación que forma musicalmente a chicos de Ginebra y municipios cercanos para que conozcan e interpreten los ritmos de la región.

La historia comenzó hace 25 años cuando cayeron en cuenta: a pesar de que Ginebra era la sede del Festival de Música Andina Mono Núñez desde hacía más de una década para entonces, los ginebrinos se sentían ajenos a este evento, dedicados casi en exclusiva a atender a los turistas y a los músicos que llegaban de otras tierras. “Bernardo Jiménez, uno de los organizadores, propuso empezar con una escuela de música que acercara a la comunidad, y con el mismo énfasis del Mono Núñez.

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Empezamos a trabajar con los niños en los colegios y luego creamos Canto por la Vida”, cuenta Dalia.

Desde entonces, niños de cinco años en adelante se inscriben en la fundación e inician un proceso que los acompaña durante toda la etapa escolar para que cuando terminen el bachillerato, puedan graduarse también como técnicos en música. Dalia dice que un promedio de mil muchachos asisten cada año a los talleres. Aunque el aporte que deben pagar los padres de familia es solo de $30.000 por semestre, algunos tienen dificultad, de modo que muchos de esos chicos estudian becados.

En Canto por la Vida han ocurrido cosas tan mágicas como que los maestros se hubieran aventurado a inventar un instrumento: el guitarrillo. Similar a una guitarra pero de menor tamaño y con solo cuatro cuerdas, está diseñado para que se acomode al cuerpo de los niños que inician clases en los colegios o en la fundación. Por eso Dalia no duda al decir que todos, absolutamente todos los niños de Ginebra, han tocado el guitarrillo alguna vez en sus vidas.

Los esfuerzos de estos 25 años le han permitido a la fundación comprar las dos casas que antes pedía prestadas para los ensayos, además de un lote en el que construyó un auditorio y vrios salones. Cada año, Canto por la Vida ha estado entre los beneficiarios de la convocatoria ‘La cultura está en vos’, con la que la Gobernación del Valle entrega estímulos económicos a proyectos artísticos y culturales que se destaquen en el departamento. “El Ministerio de Cultura nos da otro apoyo económico, pero nosotros también gestionamos recursos con la venta de instrumentos musicales, alquiler del estudio de grabación, realización de eventos y otras actividades, porque mantener este proyecto es muy costoso”, dice Dalia.

En Ginebra, Canto por la Vida se puede ubicar con su dirección tradicional o con unas coordenadas que recuerdan que el pueblo es pura música: la fundación no queda solamente en la Carrera 1 con Calle 5, sino en la Carrera Guitarrillo con Calle del Bambuco.

Dalia lleva un registro detallado de qué han hecho sus muchachos después de salir de Canto por la Vida. Y muchos han estudiado música de manera profesinal. Desde su oficina, por las tardes alcanzan a escuchars los niños que van a cantar y a practicar. Varios son hijos de exalumnos de la fundación. La magia, en ese lugar, es hereditaria.

"La formación de los niños debe tener siempre un componente artístico que les ayude a prepararse para la vida"

Dalia Conde, la mujer que forma musicalmente a miles de niños.

En Ginebra, Dalia Conde lidera un proyecto con el que ha formado musicalmente a miles de chicos del centro del Valle. En su fundación, Canto por la Vida, fue creado un instrumento único en el mundo. Aunque esta es la historia de una escuela musical y de su directora, por momentos parece más bien la historia de una escuela de magia.

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