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Once años sin títulos, una eternidad en el América de Cali (Opinión)

Diciembre 06, 2019 - 01:57 p. m. Por:
César James Polania - Editor Afición El País
Deportivo Cali vs América de Cali

Los azucareros se impusieron 2-1 en el clásico por cuadrangulares de este miércoles

Fotos: Raúl Palacios y Oswaldo Páez / El País

El 27 de noviembre del 2016, los hinchas del América celebraron el regreso a la primera división como si estuvieran poniendo una nueva estrella en la camiseta.

Hay quienes dicen, inclusive, que ninguno de sus trece campeonatos, hasta entonces, había desbordado tanta alegría como ese ascenso. Y hasta resulta fácil de entenderlo, porque cuando Nacional, Millonarios, Cali o cualquier otro ‘grande’ de la A pierde una final, al día siguiente el dolor comienza a desaparecer.

Pero cuando un ‘grande’ ha estado cinco años en la B tratando de recuperar ese sitio que perdió, y cae de nuevo en su intento, la pena no dura un día. Dura doce meses.

Y ese fue el dolor que padecieron el América y sus hinchas durante un lustro completo. De manera que volver a la A significaba un potosí. Mucho más que una hazaña, interpretada como tal solo en la intimidad roja.

Ese América había masticado el sabor de la desgracia en el 2011, cuando se fue a la B.

Tres años atrás había alcanzado su última estrella, la 13, con un equipo que jugó el mejor fútbol del momento en Colombia, sin un 10 en la cancha, con dos extremos y un volante tapón que por ratos se volvía el creativo.

Diego Umaña era el director de esa orquesta. Y la música sonaba en cada estadio, cada tarde, cada noche, a pesar de que a sus intérpretes no les llegaba un solo peso al bolsillo por meses, porque uno de los dueños del equipo se llevaba para su casa todo lo que producían las taquillas.

Pero el hambre, y entiendan literalmente esa palabra si así lo quieren, no pudo vencer la sed de gloria de esos muchachos. ¿Se acuerdan? Adrián Berbia, Pedro Tavima, Iván Vélez, Pablo Armero, Jaime Córdoba, John Valencia, Paulo César Arango, Adrián Ramos… Aquel 21 de diciembre del 2008 fue la última vez que los americanos tocaron el cielo. Como aquel 19 del 79. O como aquel 27 de noviembre del ascenso.

De esa última final a hoy han transcurrido once años. Once años que parecen eternos. Once años en los que fueron campeones Once Caldas, Nacional, Junior, Santa Fe, Millonarios, Cali, Medellín y Tolima. Y América, viendo los triunfos ajenos desde el ostracismo. Las épocas de la abundancia, sostenidas por el músculo financiero del narcotráfico, eran ya pasado, y una nueva etapa empezaba en el América, que prácticamente tuvo que comenzar de cero, tras zafarse del lastre de la denominada lista Clinton.

Y apareció entonces un salvador, un hombre que apostó recursos propios para devolverle la grandeza al América, y poco a poco lo ha logrado.

El empresario Tulio Gómez, adorado por unos, cuestionado por otros, fue quien creyó en el ‘Diablo’ cuando se hundía en su propio infierno y lo sacó de la B. Luego vino un reto no menor, sostenerlo en la A y recuperar la grandeza que había perdido. A veces con aciertos, a veces con errores, Tulio sigue capitaneando el barco hacia ese puerto.

Hoy, 90 minutos separan al América de una nueva estrella. Tan importante como las trece anteriores, pero seguramente con un sabor especial si la consiguen el técnico Guimaraes y sus jugadores.

Especial por muchas razones. Porque no todos —me incluyo— creímos en este América que ensayaba en el banco un técnico brasileño desconocido en nuestro medio y procedente de la liga de la India, más allá de su paso por dos Mundiales con Costa Rica.

Especial, también, porque con una nómina inferior en comparación con los ‘grandes’ de Colombia pudo enfrentarlos y vencerlos sin complejos. Y especial, además, porque once años sin protagonismo son una eternidad en el América, y si llega la estrella, los hinchas van a festejarla con tanto fervor como aquel 19, título del cual se cumplen 40 años en los próximos días. O como aquel 21 de diciembre del 2008. O ese 27 de noviembre del 2016.

El sufrimiento, que en el fútbol taladra sin compasión el corazón y los huesos de los que nos gusta este deporte, ha estado sentado siempre ahí, al lado de los hinchas del América.

Por eso, cuando la gloria les coquetea a los ‘Diablos’, los americanos se ponen la camiseta de verdad. Y acompañan en el estadio. Y el hotel. Y el aeropuerto. Y las redes. Y las plegarias.

Este sábado, en un Pascual vestido totalmente de rojo, América tendrá la posibilidad de volver a encender esa ‘Mecha’ de grandeza que ha estado apagada durante once largos años. Guimaraes, Segovia, Torres, Paz, Carrascal, Sierra, Vergara, Rangel y compañía están a punto de matricularse con letras mayúsculas en la historia escarlata. Que así sea.

Y si no se da, aplausos también, muchachos, porque lo que han hecho sabe a victoria.

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