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Las 'diabluras' de Tulio Gómez al frente del América de Cali (opinión)

Enero 26, 2020 - 12:16 p. m. Por:
César Polanía - Editor de Afición
tulio gomez america de cali

Tulio Gómez, máximo accionista de América.

Jorge Orozco / El País

A Tulio lo aman. A Tulio lo odian. Unos le dicen “el presidente”, aunque ya no lo sea. Otros lo llaman “el verdulero”. A él le da igual. Pero si algún remoquete calara en su personalidad, seguramente le gustaría que lo reconocieran como un “guerrero”, una palabra que sintetiza lo que ha sido su vida. Y su éxito como empresario.

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Ha sido objeto de elogios que no lo ponen a levitar, y blanco de duras críticas que tampoco lo mandan al sótano, pero sí le han puesto los pies en la tierra. Llegó al fútbol tarde y por accidente. Por cuenta de su cuñado, dueño del Medellín. Y aterrizó en otro rojo. El de Cali. Primero compró unas acciones. Y luego negoció con Oreste Sangiovanni para comprarle las suyas. Ahora es el dueño, casi absoluto, del América. Y como propietario y mandamás de los ‘Diablos’, ha hecho lo que ha querido. Y se ha equivocado. Y ha acertado.

No soy amigo de Tulio. Tampoco de su círculo cercano. De hecho, hemos tenido muchas controversias. Pero siempre bajo el manto del respeto. Alguna vez, cuando estuvo mal asesorado y en el equipo se tomaban pésimas decisiones, le pedí en una columna que se rodeara bien o que diera un paso al costado, antes de que América se acabara definitivamente. Ya era suficiente con estar en la B. Me llamó ese domingo después de leer la columna. Y me dijo que él no estaba en la institución para hacerle daño. Que no era un ladrón porque nadie se roba a sí mismo. Y que juraba por Dios que su mayor anhelo era sacar al equipo del infierno en que estaba. Cumplió. El 27 de noviembre del 2016, América volvió a la A. De su bolsillo, Tulio armó una nómina que comandaban Bejarano, Herner, Angulo, Ayala, Lucumí, Ferreira, Martínez Borja y ‘Tecla’ Farías, que les retornaron la categoría a los rojos.

El reto, entonces, era mantenerse en la A. Eso costó sudor y lágrimas. Tulio no acertaba en las contrataciones de los técnicos y los refuerzos. Parte de la afición decía, absurdamente, que su intención era volver a la B, “porque era un negocio para el verdulero”. Y Tulio soportaba críticas. Agravios. Y hasta amenazas de muerte, según contó. La presión del hincha, que clamaba gloria de la noche a la mañana, era diaria. Pero el “guerrero” seguía en pie de lucha con las botas puestas.


El 4 de diciembre pasado fue la última vez que nos vimos, en la sala de visitantes del Hotel NH. Fui a hacerle una entrevista con motivo de la final contra Junior, que sería tres días después en el Pascual. Aceptó que se equivocó muchas veces. Y que esa era la principal razón de que al interior de la institución hubiera grandes cambios. Entre ellos, la contratación de un director deportivo. El señor Rius. Admitió que antes se contrataban camionados de jugadores sin estudios previos. Y que ahora había filtro y calidad, para equivocarse menos. Y que eso explicaba la llegada de Guimaraes, Volpi, Torres, Segovia, Velasco, Paz, Sierra, Carrascal, Duván, Rangel. Los campeones. Los que derrotaron al favorito y poderoso Junior. Los que bordaron las estrella 14.

En cinco años, Tulio, “el presidente”, “el verdulero”, hizo ‘diabluras’ que el hincha americano, incluidos sus detractores, debe simplemente agradecer. Sacó al equipo de la B y no solo lo mantuvo en la A, sino que le dio una estrella bien ganada y lo puso de nuevo en el concierto internacional de la Libertadores. La gloria había vuelto. Y detrás de Guimaraes y su pelotón, estuvo siempre este señor. Con sus aciertos y equivocaciones. Y su dinero. Y nunca claudicó.

Antes de despedirnos, ese 4 de diciembre en el hotel, le dije que si América era campeón, vendrían retos mayores en el 2020. “Así es”, me contestó, “pero recuerde que los guerreros nunca duermen”. Y lo cierto es que, desde entonces, los rojos han fortalecido su ‘armada’ con un soldado de charreteras a la cabeza, como Adrián Ramos, para seguir peleando y atracar en otros puertos. Buen viento y buena mar, Tulio.

@cjpolania

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