Editorial

Multas, pero con respeto y más pedagogía

El año pasado en Cali se impartieron más de un millón de comparendos de tránsito. Los principales infractores son los motociclistas.

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Agentes de tránsito y Policía Nacional regulan el ingreso a Cali para garantizar un regreso seguro de los viajeros.
Agentes de tránsito y Policía Nacional regulan el ingreso a Cali para garantizar un regreso seguro de los viajeros. | Foto: Secretaria Movilidad

16 de ene de 2026, 01:14 a. m.

Actualizado el 16 de ene de 2026, 01:14 a. m.

El notable incremento de comparendos impuestos en Cali durante 2025 no puede leerse únicamente como una cifra fría. Más de un millón de requerimientos en un solo año —un 24 % más que en 2024— reflejan una ciudad donde la autoridad decidió apretar el acelerador del control, con el argumento de salvar vidas y mejorar el comportamiento vial. En ese propósito, los resultados en reducción de muertes son un dato que no se puede ignorar.

Las estadísticas oficiales muestran que 300 personas perdieron la vida en siniestros viales el año pasado en la capital del Valle, 20 menos que en 2024, lo que representa una reducción del 6,2 %. En un país y una ciudad donde la violencia vial se ha normalizado, cualquier cifra a la baja es una noticia que merece reconocimiento. Los controles, bien hechos, sí salvan vidas.

Sin embargo, el aumento del 72 % en las multas impuestas directamente por agentes de tránsito también exige una reflexión profunda. El control no puede convertirse en persecución ni en escenario para excesos de autoridad. La legitimidad de las medidas depende, en buena parte, del trato respetuoso al ciudadano y de procedimientos claros, transparentes y proporcionales.

El dato más contundente del informe es que más de 766.000 comparendos fueron impuestos a motociclistas, un aumento del 34 % frente al año anterior. Esta cifra confirma una realidad preocupante: la motocicleta sigue siendo el actor más vulnerable y, al mismo tiempo, el más indisciplinado en la vía. Es urgente un llamado enérgico a este sector para que respete semáforos, límites de velocidad, normas de seguridad y documentación obligatoria. No hacerlo no solo expone sanciones, sino que sigue cobrando vidas.

El exceso de velocidad, que aumentó un 77 %, y el irrespeto por normas básicas como portar casco, chaleco o licencia, muestran que aún falta conciencia sobre el riesgo que se asume y se impone a otros.

La alta cantidad de comparendos por no portar el Soat o la revisión técnico mecánica vigente también muestra una preocupante falta de compromiso con lo básico. Estos no son simples requisitos: son herramientas de protección para los conductores, los pasajeros y las víctimas de un accidente. Que sigan siendo las infracciones más frecuentes demuestra que aún persiste una cultura de la informalidad, especialmente en unas zonas de Cali que deben ser atendidas con urgencia.

En ese camino, la Secretaría de Movilidad del Distrito tiene una responsabilidad que va más allá del comparendo: es claro que hay reforzar la pedagogía y se lo han recomendado varias veces desde el Concejo de la ciudad. Las campañas de cultura vial deben ampliarse, ser constantes y llegar especialmente a quienes más infringen.

Finalmente, Cali necesita controles firmes, sí, pero también justos. Salvar vidas no puede ser excusa para el atropello, ni la defensa de derechos puede justificar la irresponsabilidad en las vías. El reto está en equilibrar autoridad, pedagogía y corresponsabilidad ciudadana, no olvidemos que el año pasado ya murió una persona en medio de una persecución de agentes de tránsito.

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