La tragedia de Venezuela

Escuchar este artículo

La tragedia de Venezuela

Marzo 11, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Las medidas de presión de la comunidad internacional ya no sirven. Y las protestas de la oposición encabezadas el pasado martes por Juan Guaidó en Caracas y repetidas en muchas otras ciudades, son aplastadas por la fuerza bruta del régimen, del ejército oficial y sus grupos paramilitares, y por la represión que encarcela a los diputados elegidos en elecciones reconocidas por la dictadura.

Así está Venezuela hoy, sumida en la farsa, envuelta en la palabrería de Nicolás Maduro, prisionera de un grupo de militares y civiles aliados para desfalcar al país. Con su patrimonio más importante, las reservas más grandes de petróleo en el mundo, secuestrado y en caída libre, al punto que produce menos crudo que Colombia. Y expulsando a los venezolanos, más de cuatro millones y medio de seres humanos, la inmensa mayoría de los cuales luchan en el extranjero por tener un pasar decente, mientras los veinte millones que aún no abandonan su país, no tienen agua, servicios de salud, educación, ingresos, y dignidad.

Claro está, salvo el círculo de los validos del régimen y la enorme corrupción que protege el narcotráfico o se roba el oro y las materias primas que abundan en la privilegiada geografía venezolana, los cuales disfrutan de una economía destruida y dolarizada a la fuerza. Ellos pueden comprar los lujos que les depara el poder mientras que la inmensa mayoría de los policías, soldados o servidores públicos tienen que recurrir al abuso y al delito para subsistir.

En ese panorama, la política dejó de existir. Con su enorme poder mezcla de chantaje y de compra de conciencia, las alternativas no existen. Ni parecen tener futuro, pues la tiranía ha sabido dividir a la oposición, comprando a algunos de sus líderes para que infiltren los partidos y obstaculicen cualquier intento de reacción. Entre tanto, la dictadura refina su aparato de represión, bien instruida y dirigida por el castrismo, y con aliados como Irán y acreedores como Rusia y China, que extraen sin ningún pudor el poco petróleo que se extrae.

El pasado martes, Juan Guaidó, a quien reconocen sesenta Estados como presidente legítimo de Venezuela, fue de nuevo objeto de la humillación, el desprecio y la violencia de los tenebrosos colectivos chavistas, fiel copia de los ‘ton ton macoute’ con los cuales la familia Duvalier destruyó para siempre a Haití. Y no parece haber forma alguna para que la comunidad internacional ponga fin al ultraje de una nación y al drama humanitario de la expulsión de millones de venezolanos, o el patrocinio descarado del terrorismo y el narcotráfico en nombre de una mentirosa revolución

No obstante los esfuerzos, bien intencionados y que muchas veces golpean a los venezolanos y fortalecen la tiranía, pero hasta ahora poco efectivos para detener el monstruo que devora a la patria de Simón Bolívar, el mundo democrático parece condenado a ser espectador de la tragedia y la farsa que padece Venezuela. Y Colombia, a vivir con la amenaza de un vecino que patrocina y protege a los terroristas y criminales que manejan desde Caracas la violencia que crece en la frontera.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS