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Purimfest 2026
La tradición bíblica precisa algo que el análisis geopolítico omite.
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5 de mar de 2026, 12:19 a. m.
Actualizado el 5 de mar de 2026, 12:19 a. m.
El 28 de febrero de 2026, mientras buena parte del mundo dormía, el tablero de la historia se movió con la brusquedad de una pieza que llevaba demasiado tiempo esperando. No fue improvisación: fue la culminación de una lógica incubada durante siglos. Para entenderla hay que ir mucho más atrás que Teherán.
Hace 2500 años, en la corte del rey Asuero de Persia, un ministro llamado Hamán diseñó el exterminio del pueblo judío. Su odio nació de algo trivial: un judío llamado Mardoqueo se negaba a inclinarse ante él. Si uno no se somete, se elimina a todos. Pero la historia giró. Ester intervino, el complot quedó expuesto y quien planeó destruir a un pueblo entero terminó colgado en su propia horca con sus diez hijos. Los gigantes rara vez caen por falta de poder. Suelen caer por exceso de soberbia.
La tradición bíblica precisa algo que el análisis geopolítico omite. Hamán era agagueo, descendiente de Agag, rey de los amalecitas. Amalec atacó a Israel al salir de Egipto, golpeando a los débiles rezagados. Su nombre se convirtió en símbolo de una hostilidad irracional que reaparece con distintos rostros en distintas épocas. Cambian los imperios. La semilla regresa igual.
El propio texto de Ester guarda un detalle enigmático. En los nombres de los diez hijos de Hamán, tres letras hebreas aparecen escritas en tamaño menor: tav (ת), shin (ש) y zayin (ז). Su valor suma 707: tav vale 400, shin 300, zayin 7. En el calendario hebreo, 5707 corresponde a 1946. El Hamán del Siglo XX fue Hitler, suicidado en su búnker antes de responder por sus crímenes. Sus hijos comparecieron en Núremberg: Von Ribbentrop, Keitel, Kaltenbrunner, Rosenberg y Streicher fueron ahorcados el 16 de octubre. El último, Streicher, editor del Der Stürmer, gritó con la soga al cuello: ¡Purimfest 1946! Ocurrió en Hoshaná Rabá, el día en que el juicio divino queda sellado. Los escépticos dirán lo que quieran.
Ese hilo reaparece en nuestro tiempo. El Hamán de nuestra época fue el ayatolá Jamenei: construyó la horca, convirtió la destrucción de Israel en doctrina de Estado, financió a Hamás, armó a Hezbolá y avanzó en su programa nuclear durante décadas. La semilla de Amalec con turbante y misiles balísticos. Y como Hamán, cayó con sus diez hijos modernos: Soleimani, Nasrallah, Sinwar, Deif y Haniyeh cayeron primero; el 28 de febrero de 2026 la operación conjunta eliminó a Jamenei junto con Mousavi, Pakpour, Qaani, Nasirzadeh y Shamkhani. Diez hijos de Hamán. Uno por uno.
Todos cayeron bajo la misma alianza. Trump y Netanyahu conformaron un tándem no visto antes entre Estados Unidos e Israel: dos líderes que abandonaron la diplomacia de la contención y asumieron el costo de actuar. Su doctrina fue simple: los enemigos que predican tu destrucción no se disuaden. Se eliminan.
Pero cuando cae un gigante, el suelo tiembla. Irán amenazó cerrar el estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo mundial. Los mercados reaccionaron. Rusia, China y Turquía calculan en silencio.
Europa teme otra crisis energética. Las guerras mundiales rara vez comienzan con declaraciones solemnes: empiezan con cadenas de decisiones que cada actor considera racional. Sarajevo en 1914 parecía un incidente. Polonia en 1939, una invasión más.
Tal vez por eso Purim sigue resonando. No porque el pasado se repita, sino porque los patrones humanos sí lo hacen: poder, orgullo, odio ideológico y la ilusión de que la fuerza garantiza la permanencia. La misma semilla que aparece en Amalec reaparece en Hamán, se manifiesta en Hitler y encuentra nuevas expresiones en quienes predican la destrucción de Israel. Los imperios construidos sobre esa lógica suelen parecer invencibles… hasta que dejan de serlo.
La pregunta que queda abierta en 2026 no es si un gigante ha caído. La verdadera pregunta es cuántas placas tectónicas del orden mundial se moverán con su caída.
X: @rosenthaaldavid
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