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Cali se convierte en un mamarracho lleno de pegotes y costras que luego tienen que ser retirados asumiendo la ciudadanía los costos de estos trabajos

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Bernardo Peña Olaya.
Bernardo Peña Olaya. | Foto: El País.

26 de may de 2026, 01:38 a. m.

Actualizado el 26 de may de 2026, 01:45 a. m.

El último episodio de la guerra de las pintadas en los muros de Cali tuvo como telón a la carrera primera entre calles 25 y 26 bajo los puentes que llevan las antiguas líneas del ferrocarril. Sus muros fueron “intervenidos” con el acompañamiento del representante del pacto histórico Alfredo Mondragón con un enorme aviso en el que se leía: “7837 almas ”, las cifras de falsos positivos según la JEP.

Más allá del mensaje político con el triste número de colombianos víctimas del afán por mostrar resultados operacionales durante el plan Colombia, el hecho de pintar la infraestructura y los muros públicos y privados se convirtió también en un acto de provocación a la ciudadanía y en un atentado contra los conductores porque resulta que la pintura anticorrosiva de color gris basalto, con el que están pintados los puentes, no nace del capricho sino de una norma, producto de estudios técnicos, para mejorar la seguridad de quienes circulan por allí ya que este color no genera reflejos ni distracciones y por ende reduce el número de accidentes; está comprobado que otros colores o pinturas y dibujos pueden afectar la perspectiva y generar distracciones causando accidentes, no es pintar de gris por pintar de gris, es la vida de quienes circulan por allí.

Cada 4 años los muros de la ciudad luchan contra los políticos que quieren empapelarlos con sus caras de todos los colores y partidos, Cali se convierte en un mamarracho lleno de pegotes y costras que luego tienen que ser retirados asumiendo la ciudadanía los costos de estos trabajos y los políticos muy tranquilos no responden por estas acciones aduciendo que son obra de sus copartidarios y entusiastas; no voy a mencionar aquí a los reyes de esta costumbre tan fea para no entrar en más polémicas.

Seguramente los comités grafiteros regresarán a este lugar para volver a pintar y las autoridades tendrán que volver a tapar para preservar las medidas de seguridad, ¿por qué no le cobran a los partidos políticos los costos de la pintura y las horas de trabajo para retirar estas expresiones que no son artísticas, que son meramente políticas y que rayan con el vandalismo? Porque nada tienen que ver con la libertad de expresión, perfectamente podrían hacer unas pancartas y ubicarse al lado de la vía en hora pico para expresar el mensaje en vez de rayar los muros y ensuciar la ciudad.

La semana pasada el presidente Petro dijo que los muros de las casas y de las ciudades son públicos y que allí pueden hacerse los grafitis libremente como ocurrió durante su alcaldía cuando Bogotá estaba completamente rayada y sucia a más no poder de pintadas y mamarrachos. No es cierto señor Presidente: resulta que estas actividades están reguladas en el Código Nacional de Policía y Convivencia, Ley 1801 de 2016, art. 140

“Es comportamiento contrario a la convivencia:

Escribir o fijar en lugar público o abierto al público, postes, fachadas, antejardines, muros, paredes, elementos físicos naturales, tales como piedras y troncos de árbol, de propiedades públicas o privadas, leyendas, dibujos, grafitis, sin el debido permiso, cuando este se requiera o incumpliendo la normatividad vigente.

La infracción está norma tiene una multa de 380. 000 pesos aproximadamente y obliga al infractor a la reparación de los daños materiales.

En propiedad privada se necesita la autorización previa del dueño. Las pintadas sin permiso son daño a bien ajeno y una infracción del Código de Policía

En el espacio público es obligatorio el permiso de la alcaldía municipal. En Cali también exigen permiso del propietario o de la Alcaldía, y para muros municipales permiso de Planeación y comité de arte público”. Nada de esto lo tenían las personas que abusivamente pintaron los muros de la carrera primera entre ellos el representante Mondragón quién debería responder por los daños y las reparaciones.

Tampoco es cierto que el candidato Abelardo de la Espriella haya dicho que va a tumbar el Monumento a la Resistencia ubicado en el sector de Puerto Rellena (es un acto de resistencia seguir llamándolo Puerto Rellena) dejen eso quieto, ya tiene todos los permisos, dejen esa estructura quieta y dejen los muros de la ciudad para los festivales de arte mural como Graficalia.

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