Editorial

El Fenómeno del Niño es una realidad

Según la Organización Meteorológica Mundial, hay un 90 % de probabilidades de que esta vez este fenómeno, que ocurre cada dos a siete años, alcance una intensidad especialmente elevada

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Medellín y el Valle de Aburrá se preparan para un posible aumento de las temperaturas ante el fortalecimiento del fenómeno de El Niño durante los próximos meses.
Medellín y el Valle de Aburrá se preparan para un posible aumento de las temperaturas ante el fortalecimiento del fenómeno de El Niño durante los próximos meses. | Foto: Getty Images

26 de jun de 2026, 02:23 a. m.

Actualizado el 26 de jun de 2026, 02:23 a. m.

Las altas temperaturas registradas los últimos días en Cali parecen confirmar lo que meses atrás había anunciado ya el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, Ideam: que el Fenómeno del Niño podría empezar a consolidarse en Colombia entre junio y julio, y que su categoría puede llegar a ser “de fuerte a muy fuerte”.

Es también lo determinado por estudios de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, Noaa, que aseguran que a más tardar en septiembre próximo la temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial central y oriental se ubicará al menos 0,5 grados centígrados por encima del promedio de varios meses.

Pero hay una advertencia adicional: según la Organización Meteorológica Mundial, hay un 90 % de probabilidades de que esta vez este fenómeno, que ocurre cada dos a siete años, alcance una intensidad especialmente elevada, al punto que podría convertirse en un “Súper Niño”, si el clima sube por encima de 2 grados centígrados.

El punto es que lo que viene detrás de este drástico cambio en la temperatura son sequías extremas, aumento de los incendios forestales, escasez de agua, caída en la producción agrícola y reducción de la generación de energía hidroeléctrica, por lo que Colombia y el Valle del Cauca están en riesgo de sufrir estas calamidades y las consecuentes pérdidas económicas y hasta de vidas humanas que se podrían derivar de ellas, máxime si este preocupante escenario se suma al calentamiento global, una realidad innegable por el daño que la humanidad le ha causado al medio ambiente.

De ahí que sea acertado que las distintas entidades involucradas en los temas ambientales y climatológicos del de esta zona del país, como la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, CVC, y la Secretaría de Gestión de Riesgo de Desastres del Departamento, al igual su par en el Distrito de Cali, se estén ocupando de elaborar planes de contingencia destinados a reducir al máximo las consecuencias que este fenómeno pueda ocasionar en la comarca, y especialmente en sus zonas rurales.

Una de esas estrategias es el Decreto 0777 que acaba de expedir la Gobernación para llamar a los mandatarios de los 42 municipios de la región a que se sumen a esa cruzada de prevenir los estragos que pueda generar El Niño, precisamente activando de manera inmediata sus respectivos planes de prevención y atención de situaciones que puedan llevar a que el país o algunas de sus zonas se vean abocadas a un racionamiento de energía producto de que los niveles de los embalses comiencen a bajar de manera dramática.

De hecho, según se ha indicado, el propósito de esa directriz es salvaguardar la seguridad hídrica y eléctrica del departamento, de cara a la ocurrencia del fenómeno climático, pero está claro que ello no podrá convertirse en realidad si los alcaldes no entienden el inminente riesgo que implica el que en sus localidades no se emprendan tareas que a simple vista parecen sencillas, como cuidar que no se dejen hogueras encendidas que puedan derivar en incendios forestales que afecten las cuencas de los ríos de la región.

Pero ni los esfuerzos departamentales ni los municipales serán efectivos si toda la población no toma conciencia de una vez por todas de que aquello de no utilizar el agua potable para el lavado de fachadas o vehículos e incluso para el riego de jardines y zonas verdes no es una moda o una práctica bonita de los ecologistas sino una obligación de cada persona, si queremos garantizar que los vallecaucanos sigamos contando con los recursos naturales que proveen no solo los productos agrícolas con los que nos alimentamos, sino también el líquido que permite que la supervivencia del planeta, que no es algo lejano, sino nuestro propio entorno.

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