Editorial
El país debe pasar la página electoral
El presidente electo, Abelardo de la Espriella, tendrá la responsabilidad de gobernar para todos los colombianos, incluidos quienes no votaron por él.
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24 de jun de 2026, 02:57 a. m.
Actualizado el 24 de jun de 2026, 02:57 a. m.
Con la culminación de los escrutinios y la ratificación de los resultados de la segunda vuelta presidencial, Colombia cierra uno de los procesos electorales más exigentes y polarizados de su historia reciente. El balance institucional es claro: el sistema electoral respondió, las autoridades cumplieron su tarea y la voluntad de los ciudadanos expresada en las urnas quedó reflejada en los resultados oficiales.
El primer reconocimiento debe ser para la Registraduría Nacional del Estado Civil, los jurados de votación y los más de un millón de ciudadanos que participaron en la compleja maquinaria que hizo posible la elección. En un país con enormes desafíos geográficos, de orden público y con una alta tensión política, la jornada se desarrolló con una capacidad logística que merece ser destacada.
También este reconocimiento debe ser para las cerca de 9000 personas que integraron 2992 comisiones escrutadoras en todo el territorio nacional, las cuales verificaron los resultados del preconteo. Este fue un ejercicio clave, el cual demostró que las variaciones fueron mínimas y se confirmó que el sistema de transmisión y consolidación de resultados funcionó con altos niveles de precisión y confiabilidad, pese a las sombras que se quisieron sembrar desde algunos sectores.
A ello se suma la validación de los observadores internacionales. La Misión de Observación Electoral de la Unión Europea destacó la transparencia, eficacia e independencia con la que se desarrolló el proceso electoral colombiano, resaltó la rapidez del preconteo y concluyó que el sistema de gestión de resultados cumple con estándares internacionales de integridad y trazabilidad.
Por ello, una vez terminadas las etapas institucionales de verificación, es momento de aceptar la decisión de las urnas. El triunfo de Abelardo de la Espriella queda prácticamente oficializado, solo faltaría el pronunciamiento del Consejo Nacional Electoral, y corresponde a todos los sectores políticos, sin excepción, reconocer el mandato ciudadano. La democracia no consiste únicamente en participar cuando los resultados son favorables, sino también en aceptar con responsabilidad el veredicto de los electores cuando este no coincide con las propias aspiraciones.
Las instituciones democráticas se fortalecen cuando sus decisiones son respetadas, especialmente por quienes tienen la responsabilidad de dirigir la nación. Desconocer sin pruebas la legitimidad del proceso electoral no solo afecta la confianza ciudadana, sino que profundiza una polarización que Colombia necesita empezar a superar.
El país entra ahora en una nueva etapa. El presidente electo, Abelardo de la Espriella, tendrá la responsabilidad de gobernar para todos los colombianos, incluidos quienes no votaron por él. Su principal reto será tender puentes, disminuir las fracturas políticas y ofrecer garantías de que su gobierno escuchará a una sociedad diversa y con profundas necesidades sociales y económicas.
Pero esa responsabilidad también recae sobre la ciudadanía. Las diferencias políticas no pueden convertirse en una excusa para la violencia, la confrontación en las calles o la alteración del orden público. Por eso, el llamado es especial para ciudades como Cali, donde los hechos aislados de alteración ocurridos tras conocerse los resultados electorales no pueden repetirse ni convertirse en una amenaza para la convivencia.
La protesta pacífica es un derecho constitucional y un elemento esencial de cualquier democracia. Lo que no puede tener cabida es la intimidación o cualquier intento de llevar al país a escenarios de caos e incertidumbre.
Las elecciones terminaron. Hablaron las urnas, actuaron las instituciones y los organismos de observación cumplieron su papel. Colombia debe entrar en el tiempo de la serenidad, del respeto democrático y de la construcción de una nueva etapa política. El primer paso para ello es sencillo, pero fundamental, y es aceptar los resultados y seguir trabajando para que Colombia supere sus desigualdades.
Se ha hablado de un pacto nacional, desde diferentes sectores, ojalá que se allane el camino para que esto se logre, dando las garantías que la oposición necesita.
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