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Unos reyes que buscan la luz

La fiesta creyente de la Epifanía es la narración de un ‘viaje del espíritu’, de “una conversión a Cristo”.

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Los tres Reyes Magos pudieron encontrar a Jesús de Nazaret gracias a una estrella, aunque una nueva hipótesis sugiere que fue un cometa.
Los tres Reyes Magos pudieron encontrar a Jesús de Nazaret gracias a una estrella, aunque una nueva hipótesis sugiere que fue un cometa. | Foto: DW

4 de ene de 2026, 01:06 a. m.

Actualizado el 4 de ene de 2026, 01:06 a. m.

4 de enero del 2026: a nivel civil, primer domingo del año nuevo; a nivel litúrgico, solemnidad de la Epifanía del Señor, nombre griego que significa Manifestación de Cristo en la Carne. No tuvo mucha acogida ese nombre de esta gran celebración, ganó el nombre tradicional: Fiesta de Reyes. Además, en España esta fecha se une a la entrega de regalos.

Los personajes principales nos dejan un mensaje, una enseñanza: Buscar. Todos buscamos algo: plata, fama, poder, ser alguien, contar para los demás; nos aterra, que nos ignoren. Estos personajes buscan una luz y encuentran un niño en un pesebre. A primera vista, decepcionante: ¿qué puede aportar un niño a la humanidad? La fiesta creyente de la Epifanía es la narración de un ‘viaje del espíritu’, de “una conversión a Cristo”.

Decía el famoso Levinas (filósofo judío, 1906-1995), que al mito de Ulises que regresa a Ítaca se opone el peregrinar de las personas de la Biblia que dejan la patria por una tierra desconocida, porque “no tenemos aquí abajo una ciudad estable, sino que buscamos la futura” (Hebreos 13,14).

El viaje de los Magos es el signo de la vida creyente, que peregrina, que no se queda quieta, que no se estanca, es un viaje de desapego, de seguimiento, de búsqueda. Los que se han instalado no buscan nada, no necesitan nada, qué Belén, ni cuál Nazaret, ‘de allí no puede salir nada bueno’. La fiesta de los Reyes nos invita a movernos, a peregrinar por la luz y la verdad. Y al final del pasaje evangélico de Mateo, que acompaña esta gran fiesta, hay otro signo envidiable: “Se postraron y adoraron al niño” = reconocieron en lo pequeño al Grande, a la Luz, a la Verdad. Un gran estudioso de la Biblia, el padre Lagrange, decía: “Sobre la estrella de los Magos nos puede decir mucho más la teología que la astronomía”.

Y en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, Cristo mismo afirma: “Yo soy la raíz de la estirpe de David, la estrella radiante de la mañana” (22,16). Para los creyentes, la Luz es una persona. Tanto Jesús de Nazaret como Pablo de Tarso caracterizan a los creyentes como “hijos de la luz”; en su llamamiento al discipulado, Pablo es cegado por una gran luz; llegar a ser creyente es encontrarse con la Luz. Todo lo que hacen los creyentes es llamado por Pablo “obras de la luz” (Romanos 13,12-13).

Mensaje escrito por el Arzobispo de Cali y sus obispos auxiliares para los lectores de El País.

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