Columnista
El componedor
Las necesidades existen y alguien las convierte en ficha de cambio, sea en el barrio o en el piso alto.
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23 de feb de 2026, 01:27 a. m.
Actualizado el 23 de feb de 2026, 01:27 a. m.
Supe de una reunión hace poco, igual a tantas. Seis y media de la tarde, norte de Cali, salón comunal prestado. Las mismas sillas plásticas de la verbena, un ventilador de piso que suena más de lo que enfría, la mesa al frente sin adornos ni presentaciones en PowerPoint, solo una libreta cuadriculada y un bolígrafo mordido.
El que coordinaba era un tipo del barrio, vestido de jean, tenis y camiseta sencilla. No daba órdenes, transmitía instrucciones. Cada tanto miraba su celular esperando confirmación de alguien que no estaba ahí. Alineado, sí, alienado, tal vez, pero convencido de actuar en democracia.
—¿Cuántos votos pone su casa?
—Tres.
—¿Tres seguros?
Anotaba con cuidado y tenía a su lado una carpeta con fotocopias de cédulas y teléfonos, separadas por barrio y mesa de votación. No circuló una sola idea, solo importaba calcular cuántos estaban asegurados.
Una mujer preguntó por el cupo del Sena prometido para su hija. Otra habló de los medicamentos que la EPS no entrega a su nieto con parálisis cerebral. El facilitador anotó y repitió casi en automático: “Eso ya está en gestión, pero no olvide acompañarnos el 8 de marzo”. La gente salió serena, como quien cree haber adelantado un trámite. Así funciona esto.
Y supe de otra reunión, también esa tarde, también como tantas. A pocas cuadras, pero en otro mundo. Edificio con portería, sala fría, café en pocillos de cerámica. Allí no se cuentan votos de familias; se negocian entidades completas. Se habla de vigencias futuras, de cómo comprometer presupuesto del próximo gobierno para asegurar mayorías en este, sin haberlo ganado aún.
En una de las cabeceras, sin necesidad de levantar la voz, el que no necesita presentación, el destinatario de los reportes del salón comunal, el que escucha, toma nota mental y define hasta dónde se estira la cuerda. Más elegante, algo más técnico… la misma lógica.
Lo hemos conversado antes: en Colombia el clientelismo no es anomalía, es parte del engranaje. Las necesidades existen y alguien las convierte en ficha de cambio, sea en el barrio o en el piso alto. Un viernes cualquiera, en cualquier dependencia, líderes comunales hacen fila con fólderes de manila. Adentro, mientras dicen desquitar el sueldo, alguien susurra: “Nos cumplieron en las urnas”. Nadie necesita explicaciones.
Con ese barro hasta los tobillos —y de cara a una de las tres consultas—, bien vale dedicar estas líneas al diestro Roy Barreras, que espera destrozar las encuestas y no se presenta como ideólogo, sino como el eficaz componedor, el que destraba reformas y habla con todos sin disgustar demasiado a nadie.
Habla de estabilidad, de acuerdos amplios, de bajar el tono frente al reformismo populista que encarna Cepeda, pero calla la conveniencia de quebrar a la izquierda desde adentro. Suena sensato. Y esa sensatez, en tiempos de antipetrismo, se cotiza alto, incluso entre quienes hasta ayer lo cuestionaban.
Encomiable historia de vida, respuestas para todo, notable inteligencia. Ha sentado en la misma mesa a quienes se detestan y ha sabido cambiar de orilla sin mojarse. El problema es el cómo, qué ofrece, qué cede, qué piezas mueve para que la aritmética cierre y nadie se levante antes de firmar.
Nunca dejaré de insistir en el problema de amarrar acuerdos a cargos y contratos, ahí la política deja de discutir rumbos y termina dedicada a repartir llaves, firmas y nombramientos, mientras el Estado —como lo confirmó el infausto cuatrienio de Petro—una vez más queda debiendo. Lo inquietante no es que ocurra, sino que midamos candidatos por su destreza en ese ajedrez.
Me rehúso a aceptar que ese tablero nunca cambie.
***
Claridades: Si me permiten algo de pedagogía, votar no es tachar al menos malo; es respaldar un rumbo, por convicción, no por descarte. Si de verdad queremos reglas y no favores, habrá que apostar por quien proponga reformas serias sin deber cuotas ni repartir llaves.
*Consultor internacional

Consultor internacional, estructurador de proyectos y líder de la firma BAC Consulting. Analista político, profesor universitario.
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