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¡Tu cuerpo y tu Sangre! Signo de comunión en el mundo
Comer del mismo pan es alimentarnos de la misma realidad de Dios en Jesús, que no es otra cosa que el amor que se entrega para dar alivio, gozo y paz.
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7 de jun de 2026, 12:55 a. m.
Actualizado el 7 de jun de 2026, 12:55 a. m.
Por Diego Fernando Guzmán Ruiz, Pbro.
El momento que vive el mundo y especialmente nuestro país, por la coyuntura electoral, amerita que nos detengamos a pensar como nación a la luz de lo que la Palabra nos ilumina para este domingo: Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor. Uno de los signos más potentes a la hora de contemplar esta celebración es ver cómo el Cuerpo y la Sangre del Señor se nos muestran como signo de unidad.
“Porque el pan es uno”, dice Pablo en la Carta a los Corintios, de un modo que esa expresión llama a juntarnos como hermanos, unidos por una misma realidad divina, de la que participamos en gesto de comunión entre Jesús, cuerpo y humanidad toda. “Siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan”, continúa diciendo el apóstol.
En este punto podemos ver un increíble detalle que puede ayudar a discernir lo que nos sucede como pueblo. Pablo dice que somos “muchos”, lo que indica que en la realidad humana hay multiplicidad que lleva a la diversidad en lo que somos como seres humanos. Y para reforzar esta idea, la plegaria de consagración dice que el Cuerpo y la Sangre del Señor se entregan por “ustedes y por muchos”, indicando con ello que la bondad de Dios hacia la humanidad es salvarla toda, sin distinciones, pues somos muchos y además diversos.
Comer del mismo pan es alimentarnos de la misma realidad de Dios en Jesús, que no es otra cosa que el amor que se entrega para dar alivio, gozo y paz. Nos corresponde como discípulos del Señor ser panes eucarísticos que se entregan para dar amor y no odio, para dar consuelo y no recriminación, para ser signos de reconciliación en un mundo y una nación atravesada por el rencor, la rabia y el miedo. En estos días nos toca, como cristianos católicos, la responsabilidad moral de ser pan de comunión, que llame a la unidad reflejada en el consenso y el diálogo.
“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre”, dice Jesús en el evangelio de Juan. Pero ese “vivir para siempre” implica que el pan que comemos debe llevarnos a la comunión entendida como signo de encuentro fraterno en un mundo que lucha por construir una “amistad social”, como nos lo enseñó el Papa Francisco, y que lleve a la misma humanidad a sentar las bases de una sociedad sustentada en la fraternidad, que es el mejor modo de expresar unidad en medio de la diversidad y que está inspirada en la unidad mística del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Que como Iglesia y sociedad toda, luchemos por ser un pan-cuerpo, que llame a la unidad y no a la división que golpea por estos días al mundo y a nuestro país.
Mensaje escrito por el Arzobispo de Cali y sus obispos auxiliares para los lectores de El País.
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