Editorial
Trump, Irán y el Papa
Parece que el actual capítulo de la guerra en Medio Oriente continuará pese a los llamamientos de la comunidad internacional, que teme que la confrontación termine involucrando a todo el planeta.
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15 de abr de 2026, 01:51 a. m.
Actualizado el 15 de abr de 2026, 01:51 a. m.
Cuando el mundo entero hacía votos porque las conversaciones adelantadas el fin de semana en Islamab entre Estados Unidos e Irán terminaran con un anuncio alentador sobre la continuidad del cese al fuego pactado entre estos países la semana pasada, no solo las partes se levantaron de la mesa sin ningún acuerdo, sino que el jefe de la Casa Blanca, Donald Trump, abrió otro frente de ‘batalla’, esta vez con el Vaticano.
Así las cosas, parece que el actual capítulo de la guerra en Medio Oriente que empezó el pasado 28 de febrero, cuando Washington e Israel lanzaron cruentos bombardeos contra varias ciudades iraníes con el argumento de acabar con el programa nuclear de Teherán, continuará, pese a los llamamientos de la comunidad internacional, que teme que la confrontación termine involucrando a todo el planeta.
Porque es cierto que, antes de regresar a su país desde la capital de Pakistán, el Vicepresidente de Estados Unidos aseguró que su gobierno había dejado una última propuesta sobre la mesa, pero la delegación iraní presente en las 21 horas que duró la negociación aseguró que la contraparte había hecho unas exigencias “inaceptables” para cesar la guerra, lo cual no solo deja en vilo la tregua pactada hasta el 22 de abril sino que también pone en entredicho la reapertura del estrecho de Ormuz que había sido igualmente convenida por dos semanas.
De hecho, la movilización de buques petroleros por el paso navegable, asunto que tiene repercusiones mundiales por el precio del crudo, ya se vio amenazada esta semana por el anuncio de Trump de bloquear los puertos iraníes a lo largo del mismo, mientras que la Guardia Revolucionaria Islámica respondió que las flotas militares que se acerquen al estrecho serán “sancionadas severamente”.
Pero como si la tensión con Medio Oriente no fuera suficiente, el Mandatario estadounidense se enfrascó en una confrontación verbal con el Papa León XIV, quien en su discurso de Pascua, sin mencionar ningún nombre, había reflexionado que la población mundial se estaba acostumbrando a la violencia y se mostraba indiferente ante miles de muertes, por lo que hizo un llamado para que “quienes tienen las armas las depongan y quienes tienen el poder de desencadenar guerras elijan la paz”.
Por toda respuesta, Trump acusó al Pontífice de ser “débil ante la delincuencia y pésimo en política exterior”, sin tener en cuenta, en primer lugar, la categoría de Jefe de Estado que tiene el Papa como cabeza del Vaticano, y en segundo lugar, que él se estaba refiriendo al líder espiritual de 70 millones de católicos que viven en Estados Unidos, de cuyo país también es ciudadano el Santo Padre.
Eso sí, en una reacción inusual, León XIV no se quedó callado y aseguró que no le tiene miedo al inquilino de la Casa Blanca, quien ha adoptado una pose de todopoderoso con licencia para pasar por encima de cualquier persona y de hacer lo que le parezca en todo el planeta. Y está claro que, en más o menos manera, la comunidad internacional puede lidiar con su arrogancia, pero lo que no se sabe es si el mundo logrará sobrevivir a la posibilidad de que en un momento de irracionalidad sumerja al planeta en una confrontación de consecuencias devastadoras.
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