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Alfonso Otoya Mejía

Opinión

Trampa

La confianza entre ciudadanos se ha minado por el uso habitual de trampas que unos hicieron a otros.

Uno de los comportamientos humanos más reprochados por nuestra sociedad es el engaño. Aunque esta práctica se ha popularizado y cada día pareciera normalizada, la realidad es que aprovecharse de la buena fe o la ingenuidad de otra persona solo trae perjuicios para todos.

En muchas ocasiones se ha justificado el engaño con expresiones como “no dar papaya” o “a papaya servida papaya partida”, pero al final todos reconocemos que tomar ventaja de otro usando artimañas, trampas y engaño deteriora la confianza. Esta práctica termina generando una sociedad llena de trabas y costos indirectos que burocratiza la más insignificante de las transacciones entre ciudadanos.

Hoy nuestra sociedad cuenta con contratos que garantizan el cumplimiento de los acuerdos. Ya no basta con la palabra. La confianza entre ciudadanos se ha minado por el uso habitual de trampas que unos hicieron a otros. Los bancos hoy se ven en la costosa tarea de generar notificaciones y contraseñas para evitar el hackeo de las cuentas de sus clientes.

Pero esta normalización del engaño no es solo en la vida cotidiana de los negocios. Los servidores públicos y en especial quienes aspiran a cargos de elección popular, quienes son los líderes de nuestra sociedad, mienten, manipulan y engañan de manera continua en redes sociales y en la calle.

Hoy un informe del Dane o del Banco de la República es interpretado y manipulado de tal forma que se busca siempre justificar la actuación del mandatario y no verdaderamente informar al ciudadano. Pareciera que engañar esta hoy justificado siempre y cuando se trate de defender un proyecto político.

Vayamos a los orígenes de este comportamiento de algunos de nuestros dirigentes, las campañas políticas. En el afán de lograr atraer la atención de los votantes algunos candidatos a la alcaldía de Cali o sus equipos han utilizado el engaño como la herramienta para lograr posicionar sus campañas. El primer caso, que fue viral esta semana, el video de la precandidata Catalina Ortiz.

Sin embargo, no es la única. Hay otro precandidato que se ha dedicado a engañar a la comunidad y pareciera que su trampa no se ha develado. Su publicidad hace referencia a un metro, bandera de la cual se ha apoderado como si esta idea se le hubiera ocurrido a él, resulta que no. Hay un proceso que inició en la alcaldía de Rodrigo Guerrero el cual se denominó Corredor Verde y hoy se conoce como tren de cercanías. Hoy el metro de Cali es posible, gracias al esfuerzo de muchas personas que han permitido viabilizar esta iniciativa y no a un personajillo que ahora se ufana de ser el gran vidente del metro. Que además no es metro, es tren.

Este no es su único engaño, el mismo candidato se hace pasar disque como independiente. Usa este término de manera constante. Lo que no aclara es que ese es el nombre del partido político de su jefe el alcalde de Medellín, Daniel Quintero. Hasta ahí llega su independencia.

Si queremos que nuestra ciudad reviva, que nos volvamos a sentir orgullosos de Cali, debemos buscar líderes que sirvan de ejemplo y no que nos crean bobos útiles a quienes pueden engañar y embaucar. No permitamos la trampa en las elecciones de octubre, censuremos los candidatos que usan estos mecanismos para visibilizar sus candidaturas. Estoy seguro de que como dirigen sus candidaturas dirigirán sus gobiernos. Premiemos la coherencia de los candidatos, entre lo que predican y aplican.

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