Columnistas
Tradición electoral
Un trabajo sencillo, cuidadoso y basado en diferentes archivos oficiales.
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10 de ene de 2026, 12:23 a. m.
Actualizado el 10 de ene de 2026, 12:23 a. m.
Con frecuencia hago referencia a la tradición electoral de Colombia como una de las fortalezas que han permitido la supervivencia de nuestra democracia. El historiador estadounidense David Bushnell y Eduardo Posada Carbo han sido los que han tratado de reconstruir esa experiencia electoral, que debería estar muy presente siempre en la memoria de los colombianos. Es que se trata de una característica que muy pocos países pueden exhibir.
Cuando promoví las primeras investigaciones en el Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes le otorgué prioridad al tema del comportamiento electoral, no solo por el significado de esta tradición, sino porque en ese momento países tan importantes como Argentina, Chile y Brasil no realizaban elecciones. Y era apenas obvio que el Departamento iniciara sus contribuciones al conocimiento de la política colombiana, haciendo evidente este contraste. Inclusive, con el apoyo de Colciencias, creamos un banco de datos electorales que dudo exista todavía.
Entre los estudios que sobre el Siglo XIX se han realizado, quiero destacar el del profesor Bushnell, que fue un distinguido colombianista, sobre las elecciones presidenciales llevadas a cabo en Colombia entre 1863 y 1883. Y ello para señalar lo que para mí fue una revelación. Siempre entendí que la Constitución de 1863 fue una de las más liberales que se han realizado en Colombia, y por ello este estudio me llamó particularmente la atención y, oh sorpresa, me encontré con unas conclusiones que no esperaba.
En su publicación, el profesor Bushnell afirma que “bajo la Constitución de Rionegro se dio un obvio retroceso desde el punto de vista de la democratización del sistema electoral. Esta conclusión se desprende de la misma reglamentación constitucional y legal del sufragio. Y si tuviéramos en cuenta el monto de irregularidades electorales que desvirtuaban con frecuencia el sufragio aun de los legalmente habilitados, el retroceso parecería quizás mayor”.
Sorprendente. Esperaba encontrar todo lo contrario. El profesor describe con detalle las regulaciones que los diversos estados establecieron como la manera en que estas evolucionaron y las limitaciones que fueron estableciendo para así determinar qué ciudadanos estaban habilitados para votar. Un trabajo sencillo, cuidadoso y basado en diferentes archivos oficiales.
No obstante estas conclusiones, me atrevo a afirmar que ellas, además, muestran ya la sofisticación de Colombia en el manejo de los sistemas electorales y la manera tan diversa cómo los estados regularon esta materia. Sin duda, otra manifestación de la tradición electoral colombiana, del apego de sus gobernantes y ciudadanos por el proceso electoral, el cual, como ocurrió aún en los países que miramos como modelos de la vida democrática, estuvieron sometidos a normas y distorsiones que aún hoy persisten en algunos de ellos. Imposible hablar de la historia electoral de un país sin que se encuentren esos elementos distorsionadores.
Apenas conveniente en un año electoral recordar esta importante fortaleza de Colombia, particularmente cuando algunos tratamos de señalar las diferencias que nos permiten exaltar la democracia nacional frente a la situación venezolana.

Experto en Ciencias Políticas, profesor y diplomático. Estuvo vinculado a la Universidad de los Andes por 23 años, durante los cuales enseñó Ciencia Política y ocupó varios cargos como Rector Encargado, Vicerrector y Decano de Ciencias Políticas, entre otros. Se ha desempeñado como Embajador en Canadá, Representante Permanente de Colombia ante las Naciones Unidas, Embajador en Inglaterra, Ministro Plenipotenciario en Washington y encargado de Negocios. Fernando Cepeda Ulloa ha sido Ministro de Gobierno, de Comunicaciones, Consejero Presidencial y Viceministro de Desarrollo Económico.
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