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¿Terrific Petro?
No es un encuentro cualquiera: es el cruce de dos relatos que desconfían del establecimiento, pero que hablan lenguajes muy distintos cuando se trata de democracia, derechos y poder.
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6 de feb de 2026, 01:40 a. m.
Actualizado el 6 de feb de 2026, 01:40 a. m.
Esta frase, así como la foto de la reunión entre Gustavo Petro y Donald Trump, porque el poder siempre se empeña en dejar constancia visual de sus encuentros, vale más por lo que sugiere que por lo que muestra. Dos patriarcas sentados frente a frente como si el mundo no ardiera alrededor. Y, sin embargo, arde.
Petro llega a la cita con el peso de un país, que aún no le perdona su origen guerrillero. Trump, de regreso al centro del escenario global, cree que la historia siempre termina dándole la razón. No es un encuentro cualquiera: es el cruce de dos relatos que desconfían del establecimiento, pero que hablan lenguajes muy distintos cuando se trata de democracia, derechos y poder.
Desde Colombia, la reunión se mira con una mezcla de curiosidad y suspicacia. Petro, el presidente que llegó prometiendo dignidad, justicia social y una nueva relación con el mundo, conversa con un líder que hizo del muro, del insulto y del repliegue su marca registrada. ¿Pragmatismo diplomático? Sin duda. ¿Contradicción ideológica? También. La política exterior no se hace con consignas sino con intereses, y Estados Unidos sigue siendo un actor clave para la economía, la seguridad y hasta la imaginación política colombiana.
Trump, por su parte, no se reúne con Petro por afinidad, sino por conveniencia. América Latina vuelve a existir cuando hay votos, migrantes o titulares de por medio. Colombia aparece entonces como socio estratégico, como pieza útil en el tablero de la seguridad regional, el control migratorio y el narcotráfico. Petro dice como lo han dicho muchos otros en diferentes momentos de la historia, que las prohibiciones en este mundo capitalista solo generan grandes riquezas para los capos que están en Dubai, Albania y otros países europeos y no en las áreas rurales colombianas y que hay que perseguir es el dinero. ¿O acaso la soledad de los jóvenes norteamericanos, donde la familia matriarcal no existe, sea la razón para el consumo suicida de fentanilo, barbitúricos y otras sustancias mortales?
Lo interesante no está tanto en lo que se dijo, sino en lo que cada uno espera obtener. Petro necesita mostrar que puede dialogar con todos sin renunciar a su proyecto; Trump quiere reafirmar que Estados Unidos vuelve a mandar, incluso cuando se sienta con quienes piensan distinto. Ambos hablan para sus públicos internos, conscientes de que la política, hoy más que nunca, es un espectáculo global. Petro sugiere que no es: Hacer América grande nuevamente sino Hacer las Américas Grandes nuevamente. ¿Es acaso invitar a Venezuela, a Brasil, a México, a Cuba a comer en la misma mesa que Donald Trump?
Al final, Petro y Trump se levantan de la mesa y el mundo sigue en manos de hombres genocidas. La reunión pasa, la imagen circula. Lo que queda es la tarea, mucho más ardua, de gobernar con principios matriarcales de ética del cuidado, amor y paz.
Twitter: @atadol
Facebook: Angela Cuevas de Dolmetsch

Profesión Abogada, PhD en Gobierno de la London School of Economics. Fue directora del programa de TV el Agora y la Lupa. Miembro de La Comisión Preparatoria sobre Administración Pública de La Asamblea Nacional Constituyente 1991. Promotora y madre del Artículo 40 de la Constitución o Ley de cuotas 1991. Miembro del Comité Asesor de Poder de El País 2010. Escribe para el periódico desde el 2005.
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