Caconia
‘Caconia’ es el país de los cacos, entendiendo por ‘caco’ lo que todos sabemos y lo que dice el diccionario de la Real Academia, que es lo mismo.
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11 de sept de 2018, 11:40 p. m.
Actualizado el 19 de abr de 2023, 04:51 a. m.
A raíz del Festival de Poesía de Cali, y del ambiente nacional, recordé estos viejos versos satíricos: “No es Caconia país subpolar como Islandia o Laponia / sino bella región tropical: el hermoso país de Caconia. / Con dos costas y mares azules más claros que el Jonio / todo clima acaricia, todo fruto se rinde al caconio”. Son del genial Hernando Martínez Rueda, cachaco, apodado ‘Martinón’ y fallecido en 1977, una rareza en un país de poetas románticos y trágicos, y de versificadores de pompas fúnebres.
‘Caconia’ es el país de los cacos, entendiendo por ‘caco’ lo que todos sabemos y lo que dice el diccionario de la Real Academia, que es lo mismo. ¿En qué estaría pensando el poeta? Silencio. Sigamos: “pues Caconia no es más que una vasta, una gran cacoteca /en donde hay que enrejar los bombillos y amarrar la caneca”… ¿Ya les va sonando?
Para quienes no recuerden a Hernando Martínez Rueda, fue un médico conservador que se aburrió de su profesión y decidió entrar a la política, siendo suplente de Laureano Gómez en el Senado. Pero tal experiencia debió de superar su buen humor y muy pronto se retiró de esa noble Corporación e incluso del Partido Conservador, al que le escribió una sátira a la manera de Jorge Manrique: “Recuerde el godo dormido /avive el seso y despierte / contemplando, cómo se cae el partido…”. Dicen que no volvió a votar, desilusionado, y que le dedicó su tiempo al departamento de Ciencias de la Universidad de los Andes y a la lectura, entre la Biblioteca de la Nacional y su finca de Tabio.
“Y sostienen los caconílagos que no es embeleco, /que se roban la tapa y que vuelven después por el hueco”. Martinón tertuliaba todas las tardes en su casa o en la de Eduardo Caballero Calderón, con Gómez Dávila, Alfonso López o Gilberto Alzate Avendaño. Sacaba sus poemas en papeles sueltos y los leía, volviéndolos a guardar en bolsillos de donde difícilmente podrían ser recuperados.
Por fortuna alguien los reunió y el Banco de Colombia publicó un libro en 1980. Se llama A la manera de…, pues Hernando Martínez Rueda era un gran imitador de estilos. Allí están La balada del pandeyuca, Lumumba, o la Canción del futuro (imperfecto), obras maestras del verso satírico. Al que le interese, le recomiendo no perder el tiempo yendo a librerías normales, pues está muy agotado. El único modo que existe para obtener un ejemplar es recorrer las librerías de viejo del país.
“El caconio es famoso en Taiwán y temido en Estonia /como toda la prensa mundial a la vez testimonia, /porque roba una aguja sin ojos, una brocha sin hebra. /Un caconio dejó sin botones de timbre a Ginebra”. Lo empecé a leer gracias a Humberto Dorado, que lo declama a la perfección, agregándole acentos y dándole el ritmo correcto a cada verso para resaltar el humor. Ese humor que tanto se agradece en la poesía y que se encuentra a raudales en las calles.
Ustedes dirán: pero es que la realidad no da para muchas risas y los poetas de hoy buscan su propio camino expresivo. Digna tarea. Pero siempre hará bien una bocanada de humor en medio de tanta lírica funérea. Y con esta cita me despido: “Y la acción más bolonia, y la más infantil ceremonia /es poner contra un caco un denuncio por robo en Caconia; /porque el juez, que es caconio, a la vez tan cabal como probo, /suelta al caco en razón de que el caso fue de hurto, no robo”.
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Santiago Gamboa, Bogotá 1965. Escritor, periodista. Autor de las novelas Perder es cuestión de método, Los impostores, El síndrome de Ulises, Necrópolis, Plegarias nocturnas, entre otras. Su última novela es Una casa en Bogotá. Es también autor del ensayo La guerra y la paz, sobre la historia de los conflictos, de cara a las negociaciones de paz.
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