Caconia

Caconia

Septiembre 11, 2018 - 11:40 p.m. Por: Santiago Gamboa

A raíz del Festival de Poesía de Cali, y del ambiente nacional, recordé estos viejos versos satíricos: “No es Caconia país subpolar como Islandia o Laponia / sino bella región tropical: el hermoso país de Caconia. / Con dos costas y mares azules más claros que el Jonio / todo clima acaricia, todo fruto se rinde al caconio”. Son del genial Hernando Martínez Rueda, cachaco, apodado ‘Martinón’ y fallecido en 1977, una rareza en un país de poetas románticos y trágicos, y de versificadores de pompas fúnebres.

‘Caconia’ es el país de los cacos, entendiendo por ‘caco’ lo que todos sabemos y lo que dice el diccionario de la Real Academia, que es lo mismo. ¿En qué estaría pensando el poeta? Silencio. Sigamos: “pues Caconia no es más que una vasta, una gran cacoteca /en donde hay que enrejar los bombillos y amarrar la caneca”… ¿Ya les va sonando?

Para quienes no recuerden a Hernando Martínez Rueda, fue un médico conservador que se aburrió de su profesión y decidió entrar a la política, siendo suplente de Laureano Gómez en el Senado. Pero tal experiencia debió de superar su buen humor y muy pronto se retiró de esa noble Corporación e incluso del Partido Conservador, al que le escribió una sátira a la manera de Jorge Manrique: “Recuerde el godo dormido /avive el seso y despierte / contemplando, cómo se cae el partido…”. Dicen que no volvió a votar, desilusionado, y que le dedicó su tiempo al departamento de Ciencias de la Universidad de los Andes y a la lectura, entre la Biblioteca de la Nacional y su finca de Tabio.

“Y sostienen los caconílagos que no es embeleco, /que se roban la tapa y que vuelven después por el hueco”. Martinón tertuliaba todas las tardes en su casa o en la de Eduardo Caballero Calderón, con Gómez Dávila, Alfonso López o Gilberto Alzate Avendaño. Sacaba sus poemas en papeles sueltos y los leía, volviéndolos a guardar en bolsillos de donde difícilmente podrían ser recuperados.

Por fortuna alguien los reunió y el Banco de Colombia publicó un libro en 1980. Se llama A la manera de…, pues Hernando Martínez Rueda era un gran imitador de estilos. Allí están La balada del pandeyuca, Lumumba, o la Canción del futuro (imperfecto), obras maestras del verso satírico. Al que le interese, le recomiendo no perder el tiempo yendo a librerías normales, pues está muy agotado. El único modo que existe para obtener un ejemplar es recorrer las librerías de viejo del país.

“El caconio es famoso en Taiwán y temido en Estonia /como toda la prensa mundial a la vez testimonia, /porque roba una aguja sin ojos, una brocha sin hebra. /Un caconio dejó sin botones de timbre a Ginebra”. Lo empecé a leer gracias a Humberto Dorado, que lo declama a la perfección, agregándole acentos y dándole el ritmo correcto a cada verso para resaltar el humor. Ese humor que tanto se agradece en la poesía y que se encuentra a raudales en las calles.

Ustedes dirán: pero es que la realidad no da para muchas risas y los poetas de hoy buscan su propio camino expresivo. Digna tarea. Pero siempre hará bien una bocanada de humor en medio de tanta lírica funérea. Y con esta cita me despido: “Y la acción más bolonia, y la más infantil ceremonia /es poner contra un caco un denuncio por robo en Caconia; /porque el juez, que es caconio, a la vez tan cabal como probo, /suelta al caco en razón de que el caso fue de hurto, no robo”.

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