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Ponga de su parte
Quien no ha sufrido una depresión no se puede imaginar la tortura que esta enfermedad representa.
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9 de nov de 2023, 03:32 p. m.
Actualizado el 9 de nov de 2023, 03:32 p. m.
El título de esta columna es la usual recomendación de los que quieren alejar sus propios miedos al respecto de enfermedades que no entienden, y gracias a la cual pretenden solucionar la depresión clínica de muchas personas. Los personajes de la vida cotidiana que suelen utilizar esta frase son, entre otros:
*Los cómodos, los egoístas y los insensibles, convencidos que gracias a esa intervención pueden eliminar un problema que les inquieta. Hacen su comentario por la mañana esperando que los síntomas desaparezcan rápidamente. Cuando regresan por la noche y encuentran que el paciente se sigue quejando de lo mismo, no pueden disimular su sorpresa y frustración. Lo que ocurre es que todos ellos, en mayor o menor grado, están más preocupados por su bienestar que por el del paciente.
*Los ignorantes, los presuntuosos y los irresponsables que sientan cátedra sobre los beneficios de medidas alternativas conocidas por su inutilidad. Y luego se van, frescos, convencidos de haber salvado a su pariente o amigo de las garras de “medicamentos innecesarios con demasiados riesgos”.
*Los prepotentes y los machistas que consideran la depresión como una enfermedad que afecta a personas frágiles. Por esa razón su discurso está centrado en “fortalecer” al débil para que enfrente “el asunto” con voluntad.
*Finalmente los asustados, los ingenuos y los desinformados que, con la mejor intención, creen estar ayudando.
Quien no ha sufrido una depresión no se puede ni imaginar la enorme sensación de impotencia, ni la tortura que este estado representa. Pero como se trata de una “Enfermedad sin Voz” (1) que no suele tener causas objetivas, ni produce una malformación notoria, la gente tiende a menospreciarla.
Los síntomas depresivos incluyen el decaimiento, el cansancio, la tristeza, la desmoralización o la desesperanza, la pérdida de interés y placer en las cosas, los miedos absurdos, la ansiedad, la desesperación, los episodios de pánico, la irritabilidad, la desconcentración o la pérdida de la memoria, los síntomas físicos, las ideas obsesivas, la indecisión, entre otros.
El tratamiento científico de la depresión, de la mano de profesionales idóneos, consiste en la psicoterapia apoyada por el uso racional de un antidepresivo. Este manejo clínico es el medio más humano y efectivo para aliviar el sufrimiento, controlar el deterioro y prevenir el suicidio; tres circunstancias muy comunes en estos enfermos. Muchos millones de personas en el mundo entero han experimentado alivio de cuadros depresivos incapacitantes gracias al uso juicioso de este modelo de tratamiento.
Los antidepresivos no son la panacea para todos los males, pero tampoco sus efectos secundarios son “peores que la enfermedad”, ni su repudio se puede sumar a la ola de escepticismo sobre diversos medicamentos.
El profesional que no utilice antidepresivos en una enfermedad depresiva, tendrá que hacerse responsable de las consecuencias. La misma responsabilidad le cabe a los simplistas que pretenden que “poniendo de su parte” van a solucionar mágicamente un problema grave que exige un manejo médico serio.
(1) Climent, C. ‘Depresión. La enfermedad sin voz’, Panamericana Editorial, 2023

Carlos E. Climent es médico de la Universidad del Valle y psiquiatra de la Universidad de Harvard. Durante30 años trabajó en el Departamento de Psiquiatría de la Universidad del Valle, y durante 20 se desempeñó como miembro del Panel de Expertos en Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud.
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