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Petro y el cuatrienio de la intimidación
El resultado electoral debe decirle a Petro que las calles no son únicamente suyas y que un importante porcentaje de la ciudadanía que votó en segunda vuelta por él ya no lo acompaña.
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8 de jun de 2026, 12:49 a. m.
Actualizado el 8 de jun de 2026, 12:49 a. m.
Colombia no puede seguir soportando, desde el temor y la incertidumbre, la permanente amenaza de un pirómano profesional de la política que desde el poder insiste en convocar protestas y paros si su candidato a la presidencia no gana la segunda vuelta. Su repertorio desafiante de la Constitución ya ha trascendido cualquier límite de la democracia y la legalidad, y la ciudadanía tiene el deber de vencerlo en las urnas.
El presidente Petro ha vuelto a intimidar desde la plaza pública con paros y bloqueos si Iván Cepeda no gana la presidencia. No es propio de demócratas entender la política como un juego de desestabilización y caos si los resultados no son de su gusto. Petro amenaza con paros si las cortes le tumban una política, si el Congreso no aprueba al pie de la letra una de sus propuestas y si su candidato no gana las elecciones: es decir, cada vez que la democracia y la separación de poderes funcionan a pesar de su vocación autoritaria como líder. ¿Hasta cuándo el país va a seguir aceptando este repertorio destructivo y antidemocrático del presidente?
El mayor error político de Petro ha sido creer que las calles le pertenecen y que las mayorías de la ciudadanía están dispuestas a organizar paros cada vez que él quiera. Y ahí se equivoca inmensamente porque los colombianos también anhelan la tranquilidad y entienden que, aunque se respeta el derecho a la protesta, no pueden caer en la instrumentalización de ese derecho por el eterno capricho de Petro. Es mucho lo que un país sufre con los bloqueos como para que un presidente crea que millones de personas están dispuestas a sufrir y caer en la incertidumbre de un paro si no gana su candidato.
La táctica delirante de los enfrentamientos diarios y la búsqueda de enemigos para culpar por su crisis electoral ha tomado las formas más inesperadas. Tal vez la más desconcertante de las últimas semanas fue la pelea que desde el petrismo decidieron emprender con la Selección Colombia ante el tono serio de un equipo que no quiso prestarse para shows políticos pocos días antes de las elecciones. Fue ahí cuando Petro publicó en X, anteriormente Twitter, uno de sus pronunciamientos más racistas y deleznables, al difundir una foto del jugador Yerry Mina y señalarlo de “nostalgias de hidalgos esclavistas”. Qué vergüenza que ese sea el tono de un presidente de la República, que está en el cargo con el deber incumplido de representar y respetar a todo un país. Esto revela, además, el complejo megalómano de Petro como un salvador de la patria: el presidente cree que quien no lo apoya a él apoya el esclavismo. Además, escoger una pelea con la Selección Colombia en pleno mundial de fútbol es quizás la estrategia electoral más absurda del mundo.
El país debe decirle al presidente Petro que las mayorías de la ciudadanía ya se cansaron de sus amenazas y no están a sus órdenes para salir a bloquear cada vez que su capricho lo dicte. Tampoco la ciudadanía está dispuesta a pelear con sus símbolos, ni mucho menos profundizar la delicada división social para saciar la sed populista de un mandatario. El resultado electoral debe decirle a Petro que las calles no son únicamente suyas y que un importante porcentaje de la ciudadanía que votó en segunda vuelta por él ya no lo acompaña.
Qué bien merecida estaría la derrota de un gobernante tan bajo y divisivo como el que ha protagonizado momentos tan lamentables y ajenos a las prácticas de los demócratas. Nunca más, Colombia.

Politólogo de la Universidad de los Andes con maestría en Política Latinoamericana de University College London. Es analista político para varias publicaciones nacionales e internacionales, y consultor en temas de política pública, paz y sostenibilidad.
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