Del bullying al suicidio

Del bullying al suicidio

Septiembre 11, 2014 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

¿Cuántas señales de angustia envió el joven Sergio Urrego, antes de lanzarse el vacío, el pasado 4 de agosto en Bogotá? ¿Cuántas veces alguien lo miró como un intelectual precoz y no como un niño homosexual o bisexual? ¿Qué más necesitaban a su alrededor para darse cuenta de que el suicidio era un fantasma, que incluso abordó en su estremecedor diario digital, que estuvo a la vista de muchos? ¿Por qué no escucharon a su antigua profesora, amiga y consejera?Estas preguntas y otras muchas nos asaltan a quienes estamos conmovidos con el caso de Sergio, en el que se investiga si hubo violación de la Ley de Convivencia en el colegio donde estudiaba y donde una foto en la que besaba a un compañero habría estallado la crisis, que inició su camino hacia el suicidio. No es la primera vez que una historia de bullying termina en un desenlace como este. Incluso, hay menores de edad que han grabado en videos sus despedidas, explicando las razones que los llevaron a acabar con su vida. Tampoco es la primera alerta al mundo sobre un flagelo que ha obligado incluso, en el caso de Colombia, a la creación de la Ley Nacional de Convivencia Escolar, 1620 de 2013. Lo que preocupa es saber, como el Secretario de Educación de Cali, Édgar Polanco, lo advirtió, que haya colegios que efectuaron algunos cambios en su Manual de Covivencia pero que no han creado la ruta de integración de atención para el bullying, que exige la Ley, en la que se insta a reportar los casos a entidades de apoyo. Preocupa también que haya rectores que manifiesten que no les han dado una capacitación profunda sobre la norma, sus alcances y cómo proceder.Señores padres, señores educadores, señores del Estado: el bullying no es una moda ni una expresión de rebeldía infantil y juvenil, inherente a la vida escolar. El bullying es el inicio de muchos trastornos sicológicos como la depresión, la ansiedad, la anorexia y en el caso del atacador, de agresores y personas muy violentas. El bullying no da espera y no se puede aplazar su tratamiento, su atención, ni pretender que pasará con un cambio de salón, una suspensión o una sanción pública. Soy madre de un niño de seis años, del que desconozco cuál será su inclinación sexual en el futuro, o si será gordo, flaco o nerd. Junto a mi esposo, trato todos los días de educarlo con amor, de forjar su carácter, de que sea torlerante, buena persona. Quisiera que eso que hacemos miles de papás sirva para que en este país no tengamos que contar más historias desgarradoras de suicidios de menores de edad, como el de Sergio Urrego en Bogotá. Espero que el colegio en el que se educa mi hijo y todos los colegios, así como el gobierno y sus funcionarios, no se limiten a imprimir y recitar la letra de la Ley de Convivencia. No estamos hablando de un juego de niños. Y está comprobado que del bullying al suicidio a veces no hay más que un paso.

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