¿Pena de muerte?

¿Pena de muerte?

Octubre 04, 2018 - 11:45 p.m. Por: Ossiel Villada

¿Y pa’ qué lo quieren vivo? ¿Pa’ tenerlo gordo y bien cuidadito en la cárcel con nuestra plata? No… que maten a ese Hp. de una vez. Es la única manera de limpiar a este país”.

“Qué derechos humanos ni qué nada. Que los maten. Ellos no son personas, son peores que ratas”.

“Estamos atrasados. En Colombia las cárceles no pueden seguir llenándose de basura humana”.

No solo las redes sociales están inundadas hoy de este tipo de comentarios extremos. En las filas de los bancos, los consultorios médicos, los corrillos de supermercado, las charlas de pasillo, en todas partes hay millones de colombianos pidiendo la pena de muerte para asesinos y abusadores sexuales de niños.

El horrendo crimen de Génesis Rúa, una niña de apenas 9 añitos de edad que fue secuestrada, abusada sexualmente, ahorcada e incinerada por un camionero en el municipio de Fundación, Magdalena, desató esta ola de ira nacional.

Frente a ello el presidente Iván Duque salió a anunciar que retomará el camino para instaurar la cadena perpetua contra abusadores sexuales de niños, que fue una de sus promesas de campaña.

Y todos los congresistas salieron a decir que sí, que es una medida indispensable. Y fiscales y jueces y funcionarios del Gobierno que trabajan con la niñez salieron a decir que listo, que para mañana es tarde.

Pero ninguno, ni el Presidente, ni los políticos, ni los fiscales, jueces y funcionarios, fue capaz de precisarnos cuándo y cómo es que vamos a detener esta macabra ofensiva que se ha desatado contra millones de personitas indefensas que representan el futuro de Colombia.

Con lo cual queda claro, una vez más, que este país demente convirtió la indolencia en un deporte nacional. Aquí nos acostumbramos a pasar de indignación en indignación, sin que realmente ocurra nada, solo para liberar adrenalina.

Porque, ¿cuántos crímenes como el de la pequeña Génesis hemos llorado en los últimos años? ¿Se acuerdan del caso de Luis Santiago, el bebé de solo 11 meses violado y asesinado por su propio padre en Chía, Cundinamarca, por allá en el 2008? ¿Y se acuerdan del asesinato de los cuatro hermanitos Vanegas Grimaldo en Florencia, Caquetá, por allá en el 2015? ¿Y del terrible caso de Yuliana Samboní en el 2017?

En todos esos casos, como hoy, la sociedad colombiana reclamó la cadena perpetua, o la castración química de violadores, o cualquier otra medida efectiva contra el problema, pero nunca pasó nada. O pasó muy poco. Las decisiones que se esperaban nunca llegaron. O las que llegaron se aplicaron mal.

En todos esos casos la voluntad del país político, ese donde las cosas no son como son sino como le conviene a quien está de turno en el poder, se impuso sobre la voluntad del país real.

Y en este último las cifras de violencia sexual contra niños siguieron creciendo desmesuradamente. Solo este año, entre enero y agosto, ya van 15.408 casos. 2000 más que en igual período del 2017. Cada día hay 38 niños abusados en este país. Y aquí no pasa nada.

La realidad es que nuestros niños siguen a merced no solo de miles de asesinos y depravados, que en su gran mayoría se esconden dentro del seno de las mismas familias, sino también condenados por un Estado corrupto e incapaz de garantizarles el más elemental de todos sus derechos, como es la vida.

Yo no comulgo con la idea de la pena de muerte. Creo que bastaría con que el inoperante y corrupto sistema de Justicia de este país funcionara, para empezar a remediar el problema. Pero no critico a quienes hoy la reclaman. Es apenas lógico.

El presidente Iván Duque tiene tres hijos muy pequeños. Y solo quien tiene hijos entiende. Yo, de todo corazón, espero que él si cumpla. Ojalá no debamos decir un día que nos mintió. Y les mintió a ellos.

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