La madre naturaleza

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La madre naturaleza

Septiembre 10, 2019 - 11:35 p. m. Por: Ode Farouk Kattan

Los incendios forestales que han tenido lugar en la Amazonia y su terrible y duradero daño al abastecimiento nutricional mundial nos llevan a meditar mucho sobre la naturaleza humana.

La sociedad no ha podido entender que tiene que cuidar a la madre naturaleza porque de ella depende que pueda alimentarse y sostener su vida. Si no lo hace muere sin remedio.

Lo comprueban las constantes noticias de hambrunas, no solamente en países desabastecidos, sino en zonas pobres de países abastecidos.

El Génesis de la Biblia nos enseña que en un principio todo era el caos, y Dios puso orden, y secuencialmente separó la luz de las tinieblas, el día de la noche, ubicando al sol y las estrellas, separó las aguas de la tierra, creó los peces, algunos de los cuales migraron a la tierra en formas diversas, y las aves y las plantas, y por fin creó al hombre, dicen algunos que a su imagen y semejanza, cosa que lo ofende por el comportamiento del hombre.

El hombre primitivo inició su natural desarrollo por el elemental proceso de ensayo y error y paulatinamente se fue integrando a las formas de ser y de hacer de los animales, aprovechando algunos como alimento, y cobertura, nunca más allá de su necesidad. Cuidó la naturaleza arbórea utilizándola también al tenor de sus necesidades.

A medida que su capacidad de pensar le mostraba novedades de uso del mundo del cual Dios lo había hecho rey dizque porque evolucionó, el ser humano fue desarrollándose en capacidades de ‘hacer’, cosa que ha seguido haciendo hasta hoy

Pero las maravillas que el ser humano desarrolló lo hicieron olvidar que con ello se estaba rebasando la capacidad de la naturaleza, a pesar de la cantidad de guerras y pestes con las cuales se ha diezmado a la humanidad, y es así como ahora estamos siendo víctimas de saturación poblacional y del cambio climático, cuya única definición puede ser una carrera en reversa hacia el “todo era el caos” del Génesis, pasando por las profecías de San Juan Evangelista con sus cuatro jinetes del Apocalipsis y los augurios de Nostradamus.

Varios estudios demuestran que el globo terráqueo está saturado de gente, y carcomido por deterioros causados por el hombre.

Algunos grupos humanos han tenido más dinámica que otros, lo cual ha creado desequilibrios en el manejo de la naturaleza, en forma de estancos sociales.

Algunos países, como Estados Unidos y otros europeos se dice que ya necesitan otro planeta por sus consumos, lo cual demuestra el atraso de países cuyos ciudadanos quieren irse a los opulentos, como es el caso África-Europa y la migración hacia el sueño americano, ya más recargado que el Arca de Noé.

La ciencia, un don de Dios, se ha convertido en un variado instrumento de realizaciones, algunas generadoras de progreso, pero ensombrecida por otras.

El comportamiento humano se ha enrarecido por los intereses encontrados que han desequilibrado las balanzas de la funcionalidad mundial, creando ambiciones y choques mercantiles, inductores del mal uso de la madre naturaleza.

Ya es innegable que la masa humana que compone la población del Planeta, que como consecuencia de una presunta civilización está desbocada en aprovechar todo lo que el mercado de cosas ofrece, tiene que atender lo esencial: la supervivencia alimentaria, impidiendo su destrucción.

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