Columnista
Ni Jeff Bezos puede
Ni la fortuna más grande del mundo garantiza la supervivencia de un medio.
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31 de ene de 2026, 11:51 p. m.
Actualizado el 31 de ene de 2026, 11:51 p. m.
Esta semana, mientras el mundo observaba los desfiles de alta costura en París, una escena reveladora pasó casi desapercibida: Jeff Bezos, el cuarto hombre más rico del planeta, con una fortuna de 250 mil millones de dólares, posaba sonriente junto a Anna Wintour en el Musée Rodin.
Al mismo tiempo, a miles de kilómetros, los periodistas del Washington Post le suplicaban públicamente que no destruyera el diario que adquirió en 2013.
La crisis del Post desmonta un mito peligroso: que un propietario multimillonario puede sostener indefinidamente un medio de comunicación deficitario.
Los números son implacables. El diario perdió 77 millones de dólares en 2023. Tras la decisión de Bezos de bloquear el respaldo editorial a Kamala Harris, más de 300.000 suscriptores cancelaron, aproximadamente el diez por ciento de su base digital.
Ahora se anticipan hasta 100 despidos en la redacción y 300 en toda la empresa. Planean cerrar la mayoría de corresponsalías internacionales y posiblemente eliminar por completo el departamento de deportes.
¿Qué salió mal? Un veterano corresponsal del Post lo resumió a CNN con brutal franqueza: “Nos metieron en una zanja con sus decisiones, particularmente la reinvención de la sección de Opinión, costándonos cientos de miles de suscriptores. Ahora el personal pagará por ello”.
El intento de Bezos de reorientar las páginas editoriales hacia “mercados libres y libertades personales”, alienó precisamente a la audiencia que durante décadas confió en el lema ‘la democracia muere en la oscuridad’.
Sus lectores sintieron que el Post había abandonado su misión, y respondieron con sus suscripciones.
Las lecciones trascienden Washington. Primero, un dueño rico no implica tolerancia infinita de pérdidas. Bezos puede gastar US$ 50 millones en una boda, pero eso no significa que financiará eternamente un medio que no encuentra su sostenibilidad.
Segundo, la desconexión con la audiencia se paga caro. Cuando un medio traiciona su promesa editorial, los lectores tienen alternativas.
Tercero, y quizás lo más doloroso: las decisiones difíciles no desaparecen por postergarlas. Solo se vuelven más difíciles.
En El País, de Cali, el propietario no es el cuarto hombre más rico del mundo, ni de Colombia, ni de República Dominicana. No hay un ‘billonario benevolente’ dispuesto a absorber pérdidas interminables.
Lo que sí hay es un compromiso inquebrantable con nuestra misión: cubrir de manera objetiva e imparcial el acontecer del Valle del Cauca, innovar de manera continua para crear valor al lector y aportar al desarrollo de esta región.
También hay pulso para tomar decisiones difíciles. Nuestra transición a semanario impreso fue una apuesta arriesgada que ha tenido buena acogida, evidenciada por el hecho de que el 99 % de nuestros suscriptores han retenido su suscripción. Gracias por acompañarnos en este proceso de fortalecimiento.
La lección del Washington Post es clara: ni la fortuna más grande del mundo garantiza la supervivencia de un medio. Lo que sí la garantiza es la alineación con nuestra audiencia, la innovación constante y la voluntad de tomar decisiones inciertas antes de que sea demasiado tarde. En eso estamos.
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