Retornan las brujas

Retornan
las brujas

Marzo 20, 2019 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizábal

El asesinato de una pareja dedicada a la santería por parte de cristiano que aseguró era víctima de brujería, puede parecer una de las tantas noticias que caen en lo intrascendente en un país cruzado diariamente por múltiples violencias.

En Cali, en Medellín, en Bogotá o en la Costa, hay políticos que en tiempo de elecciones no dan un solo paso si no consultan previamente con una pitonisa, práctica común en el mundo del narcotráfico.

Lo claro es que a 19 años del Siglo XXI sobrevive la brujería, no propiamente en las aldeas de Colombia sino en las grandes urbes. No creo en brujas, pero mi hermana asegura que una noche vio una desde la ventana de su cocina, mientras lavaba unos platos. Como me interesan estas referencias desde el punto de vista literario -reales o no- pedí detalles. Ella dice que alzó la vista a la luna, entonces llena y redonda, y vio de pronto la silueta perfecta de una bruja, encaramada en una escoba, volando a través del plato luminoso. Su visión fue tan estereotipada, tan de lugar común, que, imaginé, fue el calco perfecto de algún dibujo, repetido en la memoria. Por ese camino, el de la bruja cruzalunas, es fácil llegar entonces a la nariz puntiaguda, al sombrero negro, al lunar de carne en la mejilla, los zapatos de hebilla y la carcajada estentórea.

Me convencen más las brujas de a pie, las urbanas, las que no echan carreta quiromántica, nada saben del Tarot de los Bohemios y desconocen la baraja española. Se discutirá, científicamente, si es o no brujería que ella te llame exactamente en el momento en que la piensas; que sepa, también, con precisión, qué palabras ibas a elegir en determinado momento, o cuál fue el pensamiento que se barruntó primero en el corazón y luego en la mente. Esta clase de brujas cotidianas sí producen miedo, porque son capaces ya no de sacrificar un mundo para pulir un verso, sino que van a la guerra para saber cuál es el tono de blusa que le va mejor a un jueves, o cuántas gotas de salsa teriyaki cayeron accidentalmente en la sazón de unos fríjoles. Como saben un tantito más que el demonio, jamás podrás engañarlas.

Además, -suéltate de este grillo si puedes- te conocía ‘suficientemente’ antes de verte, pues ya, hace muchísimos años, te vio en sueños. Este es el destino del predestinado. Nada que hacer.

Mi abuelo, que había nacido en Barbacoas, a orillas del río Telembí -dicen que cuando Eduardo Santos estuvo ahí, vio las piedras al fondo del agua cristalina y manifestó que si Jesús hubiera conocido el Telembí, no se hubiera bautizado en el Jordán- aseguraba que las brujas, las de escoba y sombrero, existían. Que había una escuela de brujas en Panamá y era testigo de la caída de una en pleno manglar. La bruja, seguramente novicia, perdió vuelo y se dio de bruces contra un chiquero. La molieron a palos, pero ella se levantó y salió trotando convertida en mula. Así descubrieron que era la amante de un cura.

La permisividad con prácticas de brujería hace que hoy millones de niños esperen anhelantes las próximas aventuras de Harry Potter. En Salem, Suffolk y Middelsex, Massachusetts, quemaban vivas a las que acusaban de brujería. Más que los varones, por ser tan listas o ‘abejas’, las mujeres han sido tradicionalmente acusadas de prácticas non sanctas.

La brujería sobrevive en las urbes del mundo. Un avisito luminoso en mitad de Manhattan, con una puerta abierta hasta el amanecer, habla de ello. También están sus huellas en Galicia, al norte de España, donde se hacen conjuros con orujo y talismanes de piedra negra.

El ‘Samhain’, palabra que en irlandés antiguo traduce ‘fin del verano’ celebra la llegada de los ‘días oscuros’, el preludio del invierno, celebración que llegó a Norteamérica en 1840 por los días de la famosa ‘Hambruna de la papa’. Que las brujas están de vuelta, ninguna duda queda. Están frente a ti y leen tus pensamientos.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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