Ever Astudillo

Ever Astudillo

Abril 24, 2019 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizábal

Con Fernell Franco fundó una escuela de luces tenues y sombras, la noche de los barrios de Cali, la soledad, el tedio, el neón de los viejos teatros, el ocaso de los prostíbulos, y con él se fue un patrimonio, el de la memoria urbana, como lo confirma la muestra exhaustiva que presentó La Tertulia con una obra que hoy recobra su real significado.

En 1948, nació en Cali en la Calle 27B con Carrera 15, del barrio Saavedra Galindo, escenario de sus primeras incursiones artísticas, las que más tarde sirvieron de inspiración para la impronta de sus obras: lo urbano, lo cotidiano de ciudad, lo popular, las miradas de barrios y lo que trasmiten los transeúntes a diversas horas del día y de la noche; para Marta Traba “un mensaje elíptico con una particular y sutil delicadeza”; rodeado del cariño de sus tres hermanas y con el impulso dado por su madre hizo sus estudios en la Escuela Departamental de Bellas Artes y en la Universidad Nacional Autónoma de México donde adelantó estudios de maestría en pintura. Desde 1973 se vinculó a la Universidad del Cauca como profesor de dibujo y pintura y en 1988 en el Instituto Departamental de Bellas Artes de la ciudad de Cali. Junto al fotógrafo Fernell Franco, es un calificado pionero de la confrontación artística del medio urbano, del movimiento de finales los 60 y comienzos de los 70 Esto dijo de él Eduardo Serrano: “Fue un pionero de un movimiento que se iba a consolidar en esa época, ya que la pintura no desapareció, pero bajó su tono, y el dibujo fue el gran medio de artistas como Darío Morales, Miguel Ángel Rojas y Astudillo”.

De excepcional sencillez, en tiempo decembrino hacía tarjetas-grabados de Navidad para sus amigos. Todavía conservo una de ellas, con la estela divina de una estrella que anuncia un año ya olvidado en el tiempo. Dedicó su vida al arte y la pedagogía. En la Universidad del Valle, como en Bellas Artes, dejó un legado inolvidable.

Por su parte, el curador Miguel González dijo de acerca de su arte: “Su estilo siempre se vio muy marcado por el cine clásico y la fotografía. Él hizo parte de una generación brillante de la Cali de los 70, junto a Fernell Franco, Andrés Caicedo y Carlos Mayolo”.

Es evidente que Astudillo desde niño sentía especial pasión por los dramas del cine mexicano, no solo por su contenido sino por los recursos utilizados por sus directores y el tipo de carteles promocionales empleados.

El pintor José Horacio Martínez, uno de sus discípulos, declaró: “Su trabajo como artista nos deja ver una relación entre la fotografía y el dibujo que él hace manifiesto en los años 70, 80 y 90. Y ahí da cuenta de una Cali que ya no está: esa Cali de San Nicolás, de sus lugares comunes. Él, de alguna manera como que los visualiza y marca una especie de incógnita o un cierto planteamiento dramático, como una persona que está ahí mirando cómo acontecen las cosas en las calles”.

El poeta Mario Rivero en la revista Diners: “Mucho de la realidad se muestra en un cuadro en blanco y negro de Éver Astudillo, al tiempo que se presenta sumida en una atmósfera muy poco natural, pues el problema como pintor de Astudillo, no es captar simplemente la realidad sino valorizarla estéticamente, dentro del fin expresivo de su obra darle un contenido mediante su inventiva y su originalidad. El espectador va penetrando en un espacio de intensa extrañeza, que permite recordar los desolados ámbitos de De Chirico”.


De una generación iluminada de pintores de Cali nacidos entre el barrio Belalcázar, Saavedra Galindo y el barrio Obrero, Éver Astudillo fue el relator pictórico de la barriada, el que estuvo atento al movimiento de la masa obrera en las calles donde se desteñía el neón en las noches.
Una ausencia demasiado presente el arte de la ciudad, una humildad para relacionarse con amigos y estudiantes. Ya un clásico de Cali.

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