El fútbol loco

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El fútbol loco

Mayo 20, 2020 - 11:50 p. m. Por: Medardo Arias Satizábal

El inicio de la Bundesliga con estadios vacíos y jugadores que celebran dándose codazos y toques de pecho, nos hace pensar en un mundo inimaginable hoy hecho realidad. Y no es cosa de locura esto que estamos viendo. Es solo que el fútbol, no obstante las alegrías y pasiones que despierta, es por sobre todo uno de los grandes negocios de la era moderna.

Detener el fútbol es aceptar que también los bancos, las grandes compañías petroleras, dejarán de operar. Así que no es cosa de locos; es solo un asunto que podría quedar condensado en la máxima inglesa: ‘Business are business’.

De otro lado, están los auténticos locos-genios que le han dado brillo a ese deporte. Pienso, desde luego, en nuestro compatriota Higuita, quien ve venir un balón elevado con destino a su arco, e irreflexivamente se impulsa hacia adelante, se eleva y detiene la bola con los taches mirando al cielo. Si esto lo hubiera hecho en un potrero de Castilla, en la comuna noroccidental de Medellín, quizá hubiera pasado inadvertido. Pero fue en el estadio de Wembley, Inglaterra, el miércoles 6 de septiembre de 1995, delante de 20.038 espectadores. Esta ‘jugada’, inédita hasta entonces para la historia del balompié, fue bautizada como ‘El Escorpión’.

No tan celebrado como aquel día, fue el momento en que el mismo René decidió salir fuera del área, driblando como un condenado ante el equipo de Camerún, mientras Colombia gritaba frente a los televisores en el Mundial de Italia 90; solo que insultó la agilidad y rapidez de Roger Milla, quien le arrebató el balón y nos marcó un malhadado gol.

Loco Pacho Gento también, del Real Madrid; cobraba los tiros libres y corría para cabecear desde las 16, en el tiempo en que el portero de su divisa era ‘El Divino Zamora’, quien entraba peinado con brillantina Moroline al campo y regresaba igual al camerino. Mi hermano Carlos, genuino historiador del fútbol, me ha ayudado a recordar esta historia de locura futbolística, donde, desde luego, el propio Maradona tiene sitial compartido con Martín Palermo del Boca, o el mismo Hugo Orlando Gatti, en quien se inspiró Higuita. Solo que Gatti tuvo un padre también: Amadeo Carrizo, quien acaba de fallecer en Buenos Aires a los 93 años, considerado en su momento uno de los grandes porteros del mundo junto al ruso Lev Yashin, ‘La Araña Negra’, y el brasileño Manga. Rechazaba los balones con los codos. Se adelantó al coronavirus.

Carrizo fue uno de los primeros en salir más allá de las dieciocho, con pelota dominada. Se daba el lujo de leer prensa, recostado en uno de los travesaños de su arco, algo que despertaba la ira de los malquerientes del River. Lo vi tapar en Cali, con Millonarios. Era ya un deportista mayor y usaba una gorrita escocesa. Los hinchas del Cali le gritaban desde la tribuna: “Amadeo, ¿dónde estás que no te veo?”.

El Deporcali tuvo también loco propio: Mario Sanclemente, quien, así lo aseguraban los utileros, escondía los guayos a sus compañeros. Pancho Villegas, el director técnico de esta divisa también tenía su rayón; los mandaba a jugar y se quedaba dormido en el camerino.

Ni qué decir de Martín Palermo, del Boca, gran cabeceador, anotaba goles desde el centro de la cancha y los celebraba dándole patadas a los avisos publicitarios. Cuando jugaba con el Villarreal de España se lesionó tibia y peroné después de darle una patada a un aviso.

El Racing Club de Avellaneda tuvo también su propio loco: Omar Orestes Corbatta, un genio que llegaba driblando hasta el arco, se devolvía a entretenerse otra vez con los delanteros y finalmente marcaba. Lo llamaban ‘El Garrincha argentino’.

Más, esta columna es un homenaje a Tomás Felipe Carlovich, “el mejor futbolista desconocido del mundo”, quien acaba de fallecer y muchas veces mereció el elogio de Maradona. Lo llamaban ‘El Trinche’, jugaba solo por placer y nunca le importó la fama.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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