“Estaba en el lugar equivocado”

“Estaba en el lugar equivocado”

Febrero 11, 2019 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

Ha hecho carrera esta desafortunada frase. Con ella se pretenden explicar e incluso justificar muchas situaciones en las que se involucran personas que nada han tenido que ver con camorras, duelos, robos, balaceras y asesinatos.

Si por ejemplo usted es víctima de unos fleteros que le rapan el celular o la billetera, el comentario es que eso le sucedió “por estar en lugar equivocado”. Como quien dice, ¿quién lo mandó a estar allí cuando llegaron los ladrones?

Igual sucede si sale de una reunión y no encuentra su carro: “Claro, desapareció por dejarlo en el lugar equivocado”. O sea que la culpa fue de quien parqueó donde no debía (!) y no de los jaladores que lo dejaron andando a pie.

¿Qué tal lo que pasa con las mujeres violentadas y/o violadas? Lejos de fusilar al autor de tan execrable delito, fustigan a las mucharejas o porque estaban muy escotadas o porque mostraban los calzones -si es que los llevaba puestos, rematando con que “estaban en el lugar equivocado”.

Pero la tapa de la olla es lo que sigue aconteciendo con las tales balas perdidas por las que, según le leí a Pedro Medellín en su columna del domingo en este diario, murieron el año pasado más de 200 personas que nada tenían que ver con lo que estaba sucediendo alrededor de ellas.

El caso más sonado últimamente es el del cantautor y youtuber payanés Fabio Andrés Legarda, quien murió en la flor de su juventud por una de esas balas perdidas.

Pues bien -o será mejor, pues mal-, se dice y se repite que este muchacho “estaba en el lugar equivocado”, como también una niña que fue alcanzada por un disparo que milagrosamente no resultó mortal y docenas de muertes más de personas, insisto, de quienes “estaban en el lugar equivocado”.

Frente a estas explicaciones casi que justificativas, estoy encontrando una relación entre aquello de “estar en el lugar equivocado” y la ya célebre expresión “dar papaya” con la que se lavan las manos algunas autoridades quienes, ante su incapacidad de prevenir, controlar, evitar y reprimir las acciones delictivas, les echan la culpa a las víctimas responsabilizándoles por lo sucedido porque es que “dio papaya” y , como dicen por ahí, “a papaya servida, papaya comida”.

No podemos pues seguir con el estribillo “que se estaba en el lugar equivocado” porque tendríamos entonces que andar con un vidente o con una bruja, para que nos diga a donde podemos ir y donde no podemos estar, para así salvarnos, de una bala perdida, un robo o una violación.

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Posdata:
Bella frase de Patricia Tello, esposa del alcalde Maurice Armitage, en un excelente reportaje de Paola Andrea Gómez y José Luis Carrillo el pasado domingo en El País, al comentar que no estuvo de acuerdo con que Maurice se lanzara a la Alcaldía, “pero yo no le puedo cortar las alas al hombre del que me enamoré por su vuelo”.
¡Chapeaux!

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