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Una inútil feria sin gente

Noviembre 19, 2020 - 11:50 p. m. Por: María Elvira Bonilla

El debate sobre la Feria de Cali y el Salsódromo que promete el alcalde Jorge Iván Ospina realizarla dizque en versión digital este diciembre, ha girado en torno a los 11 mil millones de pesos que esta costaría. ¡Una barbaridad!, cuando se sabe que sus resultados serán como sucede con todo lo virtual un espejismo tan impactante como efímero y fugaz.

Sin duda es mucha plata pero tal vez esto no es lo más frustrante de la alternativa propuesta. Está en juego y es esto lo más discutible, el significado que tiene para los caleños la Feria con la salsa como epicentro. Fue precisamente el alcalde Ospina quien, en su primera administración en el 2007, sintonizado con el tejido social popular de Cali, interpretó y entendió el sentido profundo del baile y la salsa para los caleños y supo dimensionarlo conceptual y presupuestalmente.
Ospina, logró entonces interpretar un sentimiento caleño alrededor de la salsa que se convirtió en identidad y una ruta para reconstruir puentes rotos y curar heridas para una sociedad que necesitaba puntos de encuentro.

Fue pionero en darle visibilidad a un semillero de jóvenes caleños vueltos bailarines por el gusto, capaces de sacarle tiempo a preparar con creatividad coreografías, vestimentas, indumentarias, maquillaje para el disfrute inicialmente casi que de ellos mismos y de sus vecinos. Vida de barrio que en Cali se convirtió en una forma de resistencia en los años duros de la ‘narco guerra’ cuando entonces la calle, las salidas nocturnas se volvieron amenaza y la música y el baile la manera de disfrutar y compensar angustias a puerta cerrada. Horas y horas de ensayo frente a un espejo de pared a pared, corrigiendo pasos con ritmo y gracia que lucían en el Salsódromo, ese espectáculo único que se innova y mejora cada diciembre.

Detrás de los kilómetros de grupos bailando había un trabajo de cientos de personas que se habían organizado en las escuelas de salsa para las que Ospina y los siguientes alcaldes dispusieron de presupuesto y apoyo. Son trece años de siembra en un semillero de jóvenes que expresan su destreza y vitalidad gozosa, con una genialidad que traspasó fronteras imponiendo el estilo caleño de bailar salsa.

Y por esto el tema de la Feria de Cali y el Salsódromo no se resuelve con la trasmisión digital de un espectáculo. Su importancia como espacio de integración y encuentro es único e insustituible en la ciudad, y es presencial y vital y toca aceptar que este año por cuenta de la pandemia la experiencia urbana colectiva no se podrá dar. Pero no se puede reemplazar con tecnología. No son los costosos montajes con pantallas y recursos audiovisuales que hagan de esta experiencia humana un súper espectáculo de bailarines y desfiles en una sola vía, mediados por las pantallas, computadores o celulares para ser disfrutados en la soledad obligada por la pandemia.

Lo que bien vale la pena continuar y con mucho brío es el apoyo al trabajo de escuelas y bailarines durante todo el año que además les ha permitido profesionalizarse más allá de los eventos decembrinos. Un esfuerzo mucho más sustantivo consecuente con la visión de proceso cultural que la millonaria iniciativa digital que por el desespero de la larga noche de la pandemia pareciera desconocer.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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