Las lecciones de López Obrador

Las lecciones de López Obrador

Diciembre 06, 2018 - 11:50 p.m. Por: María Elvira Bonilla

El minucioso y larguísimo corte de cuentas con el que tomó posesión Andrés Manuel López Obrador -Amlo- de la Presidencia de México el sábado pasado tuvo algo muy original.

Logró ponerle cifras al derroche y el abuso de poder en excesos, los lujos y privilegios del mega poder Ejecutivo que incluye Presidencia, ministerios y la estructura de poder que rodea el Palacio de los Pinos. Amlo demostró que solo con ahorros y austeridad liberará millones de dólares para las banderas sociales que caracterizarán su gobierno que plantea volcar a los territorios más pobres fuera del DF.

Algo más quedó en claro: la manera como el sentido del servicio público se ha desnaturalizado. La noción del servidor público con vocación y compromiso ha ido quedando sepultada para darle paso a un poder instrumentalizado por quienes ganan las elecciones y acceden a los cargos de decisión no para transformar la dura realidad de la mayoría sino para beneficiarse de privilegios y prebendas autorizadas por ellos mismos.

El antecesor de Amlo, el presidente Peña Nieto, estrenó un avión hecho a su medida por la Boeing por el que los mexicanos pagaron USD 200 millones –quería competir con el Air Force One en el que viaja Trump- pero además manejaba una flotilla de 60 aviones y 70 helicópteros para el desplazamiento del alto gobierno.

Los funcionarios contaban con un costoso régimen de salud privada y un sistema educativo que cubría a sus familias, así como los beneficios de transporte oficial y guardaespaldas. Sistemas de comunicaciones, celulares, satelitales; centros vacacionales. Datos de excesos complementados con los de la petrolera Pemex direccionada a favorecer empresarios bien escogidos. López Obrador cortó todo de un tajo y demostró que en el matrimonio de la política y los negocios, movido por la codicia y la ambición, está el germen de la corrupción.

El timonazo de Amlo no puede entenderse como populista o de relumbrón. Es de fondo. Por un lado, está el aspecto pragmático de sumas y restas y del otro el sentido político y algo tan importante como el mensaje ético. Intangibles como el de su comportamiento ejemplarizante de gobernante y líder. Porque como bien lo dijo él mismo: igual que con la escalera, toca barrer de arriba para abajo.

En seis meses someterá su gestión a un referendo popular que lo respalde o lo repruebe, en contravía a tantos gobernantes que no buscan otra cosa que atornillarse indefinidamente en los cargos.

La lucha contra la corrupción será su eje que, al menos por las señales en el despegue, no será un simple enunciado retórico. Sí, la corrupción, ese cáncer que también carcome a Colombia y que movilizó a 11,5 millones de votantes en la consulta que Duque pareció haber leído como un mandato vinculante con un vigor que resultó ser flor de un día. Las leyes prometidas no han sido tramitadas y la respuesta a la austeridad prometida fue la ampliación del IVA a toda la canasta familiar. Unos bandazos erráticos que el país le está cobrando con un abrumador desplome en las encuestas que tiene mucho que ver con su indiferencia frente a las urgencias de la gente y entre estas una inaplazable: enfrentar en serio la corrupción.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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