El feo de Petro a Ospina

Noviembre 17, 2022 - 11:50 p. m. 2022-11-17 Por: María Elvira Bonilla

El alcalde Jorge Iván Ospina repitió alcaldía sobre la base de una amplia coalición de movimientos pegados con la mermelada de los contratos y las cuotas políticas, como ha operado y sigue operando la política desde hace décadas en la ciudad. Vestido de Verde (el partido de Antanas Mockus, ¡vaya paradoja!) y con reflejos de populismo de izquierda -aunque Petro y el Pacto Histórico lo tienen totalmente marginado-, se presentó como la voz de las clases populares enfrentado a los señalados ricos, en un ejercicio de polarización desastroso para la ciudad. Al final, les ha fallado a todos.

La coalición que armó Ospina para llegar a la Alcaldía, con la que derrotó a Roberto Ortiz (otro debacle apoyado por Susana Correa y el uribismo) y a Alejandro Éder, le ha sido funcional no solo para sostenerse con su creciente desfavorabilidad superior al 75% sino para conseguir la aprobación, como un cheque en blanco del empréstito de $650 mil millones que está feriando en esta tenebrosa recta final de su mandato. La voz valiente y solitaria de la joven concejal Diana Rojas, se hizo oír no solo advirtiendo lo que se venía venir, sino que empezó el destape de un Emcali convertido en botín.

Rodó la cabeza del cabeza del gerente Juan Diego Flórez, como el primer fusible de protección del Alcalde como presidente de la Junta Directiva, en la que tiene asiento el comerciante Octavio Quintero como representante del sector empresarial, sin que hasta el momento se sepa que haya prendido alguna alarma.

El reemplazo de Flórez, quien ya había dejado una estela de corrupción como gerente de las megaobras, Fulvio Soto, fue precisamente el estructurador con todas las mañas y artimañas del crédito que va a reventar financieramente a Cali, pero que dejará con los bolsillos llenos de una red de contratistas del círculo inmediato del Alcalde. Hace 40 años, antes de su cooptación por el cartel de los Rodríguez, Emcali era una empresa pública referente en Colombia, igual que la ciudad. Pero como todo en Cali, esto es asunto del pasado.

La complicidad de la clase política de Cali, que empezó a descomponerse desde el Proceso 8000 cuando una buena parte de los dirigentes de entonces cayeron por la financiación mafiosa de sus campañas, es evidente. Su responsabilidad en el derrumbe de la ciudad es evidente por haber cobijado al alcalde y participado del gobierno del que han comido de la burocracia y el presupuesto en una administración tan cuestionada que ha llevado a que la ciudad termine aislada, incluso por parte del gobierno de Gustavo Petro, por el que Ospina se la jugó a fondo incluso corriendo el riesgo de ser suspendido por la Procuradora por participación en política. La tensión es tal que, en el último cambio de gabinete municipal, a pesar de la afinidad, el Pacto Histórico se quedó sin representación política.

Si bien el gobierno de Gustavo Petro no ha colocado, lamentablemente, la lucha contra la corrupción como prioridad y logró sus mayorías en el Congreso a la vieja usanza, con las viejas prácticas políticas clientelistas del tome y dame, siendo este un pendiente con el país, lo de la Alcaldía de Cali es tan grotesco que el Presidente prefirió hacerle el feo a Jorge Iván Ospina y su séquito, y marginarlo del poder que se mueve desde la Casa de Nariño. Los efectos empezarán a verse.

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