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Los no son, aunque sean

Agosto 23, 2020 - 11:35 p. m. Por: Luis Felipe Gómez Restrepo

La imagen de cinco jóvenes muertos de manera violenta, abandonados en un cañaduzal próximo a Llano Verde, estremeció a los caleños. La visión más cruda de la ‘Nuda Vida’ que rescató para nosotros, Giorgo Agamben, nos confronta como en un espejo y nos hace reflexionar. La ‘Nuda Vida’, la vida matable, desprovista de todo misterio, de todo rito, de todo simbolismo, puede ser acabada, sacrificada de forma impune porque no le damos trascendencia y eludimos reconocer su dignidad humana.

En Colombia, la muerte se nos ha hecho natural, porque la vida de algunos no es más que ‘nuda vida’; existencia tan irrelevante para el Estado, como para los micropoderes, en zonas que parecen ausentes de Dios y Ley. Esa vida desnuda que llevan los más pobres y que afecta de manera aguda a los más vulnerables, mujeres, niños, niñas y adolescentes, población diversa. Esta condición no apareció de pronto, es producto de un proceso, de una racionalidad política y económica que ha dejado en el margen a muchas personas y ha puesto en escalones hacia abajo a quienes viven en los márgenes. Lo desnudo en realidad, es lo desnudado, hemos permitido en procesos de empobrecimiento y despojo, que la vida de estos jóvenes quede desprovista de todo lo que la protege y hasta se crea que pierde lo que la hace sagrada.

Para ellos, para los asesinos, esas vidas no tienen importancia, son vidas sin forma, sin relaciones sociales, sin afectos, sin poder, cuyo destino está en la palma de su mano y sus machetes y armas. La vida de ‘los nadie’, de los ninguneados, descritos por Eduardo Galeano, es ‘nuda vida’, vida de “aquellos que no son, aunque sean”, seres fuera de la política, seres en el margen, sin presencia real en la polis, sin vida para manifestarse, para expresar lo que desean o lo que les parece justo o injusto; ‘nuda vida’ que no es incluida como debiera y que en su vulnerabilidad es cortada antes de que pueda florecer.

Estos cinco jóvenes tristemente célebres por estos días solo salieron de su anonimato gracias a la muerte. La parca, gobernó a través de micropoderes territoriales, que ratificaron su dominio con el estallido de una granada al día siguiente de la masacre. La voz de sus familiares en el sepelio además de transmitir el profundo dolor de sus familiares y amigos, dejó muchas líneas de investigación abiertas. Por lo pronto, el Estado debe asegurar que serán todas investigadas con seriedad y profesionalismo.

Sus vidas y sus muertes deben dejar de ser hechos cotidianos de ‘nuda vida’, deben ser y significar, deben ser hechos políticos. Nuestro deber es recordarlos, darles importancia, dilucidar sus muertes y evitar que se repitan. Los cuerpos necesitan cubrirse, cobijarse, protegerse, de derechos, de condiciones, de seguridad.

Entre todos, debemos contribuir para integrar a esta población que está sencillamente excluida de buena parte de las oportunidades. Las brechas sociales deben invitar al Estado y en general a toda la sociedad a cerrarlas. La inclusión es de mínima justicia.

*rector Universidad Javeriana Cali.

Sigue en Twitter @RectorJaveCali

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