El brillo de la esperanza

El brillo de la esperanza

Abril 21, 2019 - 11:35 p.m. Por: Luis Felipe Gómez Restrepo

¡Felices Pascuas! El tiempo de la esperanza. Esa esperanza que el papa Francisco le decía a la juventud en Colombia que no se la dejara arrebatar, es la que debemos cultivar con cariño si queremos darle sentido a nuestra vida.

Aunque muchos queramos permanecer convencidos de que la esperanza es lo último que uno pierde, la contundente realidad en que vivimos parece evidenciar constantemente lo contrario. No es necesario hacer un recuento detallado de las heridas que han lacerado la piel de la humanidad a lo largo de su historia, ni de los cantos de dolor que han aliviado el alma de los pueblos de cada época y del presente. A veces, como una llama tambaleante, la esperanza ha tenido que resistir el oscuro aliento de los profetas de la muerte que presagian desde imprentas y micrófonos, un futuro de ruinas y un horizonte extraviado.

Otras veces, la debilidad de nuestras propias fuerzas convierte en piedra la áurea bóveda del cielo y con su colosal peso, lentamente asfixia los últimos esfuerzos del pecho por respirar vida y libertad. Muy pronto el camino se transforma en un desierto pesado y sin perspectiva…, pero sólo hasta cuando, detenidos, en medio de su inmensidad, descubrimos con asombro que semejante desierto no siempre estuvo allí.

Porque la esperanza es esa mirada instruida por el Espíritu que atraviesa todo límite, ese poder infinito que aniquila la nada para rescatar la vida de entre sus garras. Por pequeña que sea la esperanza, brilla incontenible hasta abrirle grietas a la oscuridad; ella hiere de claridad la noche de las guerras; ella despeja el camino a la razón peregrina; ella pone al descubierto los rostros de la soberbia; ella arde inextinguible ante osadas injusticias; ella deslumbra con su sencillez los laberintos del egoísmo, las cuevas del poder y las madrigueras de la corrupción.

Pero la esperanza no es posesión; es don. Es ese regalo inagotable que nos acompaña resueltamente por senderos de incertidumbre y sufrimiento, para convencernos de la pequeñez del mal. Ella anidó en nuestra vida desde aquella paciente caricia sobre el vientre materno, desde aquel abrazo protector del hogar, desde aquella mirada sincera de un joven romance, desde aquel consejo apasionado de un valiente profesor, desde aquella firme lealtad de un amigo, … pero, sobre todo, y más certéramente, desde aquel gesto de amor intenso que, por todos nosotros, quiso una tarde extender su abrazo eterno en una cruz y así destruir para siempre la amenaza de la muerte con su oferta de resurrección.

La esperanza es la clave de lectura de un cristiano. Gracias a la esperanza es posible ir delante de la historia, abriendo caminos, descubriendo lo germinal. Es una clave que nos permite ver siempre la luz al final del túnel. Es una clave que se potencia con una profunda confianza en Dios. Esperanza y confianza se nutren mutuamente.

Sembrar la esperanza es trabajar por la paz, por la justicia, por la equidad, pues a través de ellas, construimos el Reino de Dios. La huella indeleble de los cristianos, es esa mirada de esperanza con la que podemos encarar el futuro, porque desde el presente lo estamos construyendo. La esperanza no es un opio que nos aletarga, sino lo que da la fuerza y energía para un espíritu que quiere dejar huella en la historia.

*  Rector Universidad Javeriana Cali

Sigue en Twitter @RectorJaveCali

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