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Pregunta sin respuesta

Junio 27, 2019 - 11:35 p.m. Por: Liliane de Levy

¿Saldrá adelante el nuevo plan de paz palestino-israelí de la administración Trump o fracasará como todos los precedentes? Nadie puede contestar con seguridad. Es atractivo en muchos aspectos pero ambiguo sobre otros que sus detractores aprovechan para sabotearlo. Veamos.

El martes pasado, Jared Kushner -asesor y yerno del presidente Donald Trump- presentó en Manama, Bahrein, su plan de paz ‘Deal to prosperity’ entre palestinos e israelíes cuya elaboración lo ocupó por más de dos años. Lo hizo ante los representantes oficiales de Egipto, Arabia Saudita, los Emiratos, Qatar, Marruecos, Jordania, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la ONU, un sinnúmero de diplomáticos (como Tony Blair, exprimer ministro de Inglaterra, en nombre de Europa) y hombres de negocios llegados de todas partes e incluso palestinos que se atrevieron a desafiar las órdenes de abstenerse de sus dirigentes políticos.

La Autoridad Palestina y Gaza gobernado por Hamas brillaron por su ausencia; de inmediato rechazaron el plan y se negaron a escuchar o discutir su contenido. ¿Qué le reprochan? De ser exclusivamente económico y no apoyado con una solución política que -según alegan- sería esencial.

En efecto el plan se centra sobre la economía y la necesidad apremiante de mejorar la vida de los palestinos víctimas de un conflicto que lleva más de siete décadas y en el cual sobreviven en condición de refugiados por cuarta generación. En la miseria, la opresión, la violencia y la corrupción, bajo fuerte vigilancia y severas restricciones aún en los países árabes que los acogieron.

Un caso único en la historia de la humanidad relacionado con el problema de refugiados o desplazados ya que según las Naciones Unidas un refugiado es considerado como tal por una sola generación. Se supone que sus descendientes se integran de manera natural a las sociedades de los países que los reciben. Es así para todos los refugiados del mundo ahuyentados por las guerras más crueles pero no para los palestinos. Ellos siguen sometidos a una situación de emergencia extrema por tiempo ilimitado que debe terminar.

Jared Kushner llegó a Bahrein con la intención de ayudar en este sentido e inundar literalmente a los palestinos de dineros estimados en 50 mil millones de dólares. Y así, darles la posibilidad de trabajar, progresar y vivir en forma decente. En realidad el plan se proyecta como una oportunidad igual a la que favoreció a la Europa destruida y desolada después de la II Guerra Mundial con el llamado ‘Plan Marshall’, de generosa ayuda económica (con divisiones y severas condiciones políticas) que le permitió sacudirse de sus cenizas y convertirse -otra vez- en una región de enorme desarrollo y progreso. También -con el pasar del tiempo- gozar de una total autonomía política.

Ante tales perspectivas los palestinos no tienen nada que perder y mucho que ganar. Así lo piensan muchos. Otros, como Mahmoud Abba, presidente de la Autoridad Palestina disienten, se enfurecen y califican el Plan de Paz de Jared Kushner de “soborno” y “vergüenza”. Aunque, al parecer, el aspecto político está incluido pero se mantiene ‘secreto’ hasta que se apruebe la parte económica.

Sugiere que una mejoría en la economía y la calidad de vida de una sociedad abonan el camino para una buena solución política. Y si en Bahrein no se habló de ‘independencia’ plena de los palestinos, se habló de ‘democracia’, palabra que no puede gustar a Mahmoud Abbas quien lleva 13 años en su cargo, sin llamar a elecciones.

¿Saldrá adelante el plan de paz de la administración Trump? No se sabe, pero vale la pena tomarlo en serio para, al menos, no volver a confirmar la frase famosa del fallecido diplomático israelí Abba Eban cuando dijo: “Los palestinos no pierden una oportunidad de perder una oportunidad”.

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