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Las cartas marcadas

Las cartas estaban marcadas por el señor Maduro y la camarilla de Diosdado Cabello y los demás. Engañaron y siguen engañando y haciendo creer con desfachatez que ellos son los buenos.

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Armando Barona Mesa

2 de ago de 2024, 02:59 a. m.

Actualizado el 2 de ago de 2024, 02:59 a. m.

Se sabía que había un golpe calculado de infamia. Así son los comunistas como los Stalin, los Castro, los Ortega, los Chávez. Ellos, desde el Manifiesto de Marx, como si fuera una filosofía o una religión, establecieron la dictadura del proletariado como la fase inicial de toda la lucha social. El gobierno tiene que ser esa dictadura, que en realidad no es del proletariado como lo proclaman, sino de la camarilla que logra apoderarse del gobierno. Esa es la revolución que les ofrece todas las posibilidades de crímenes, bajo el poder que se desprende de sus propios beneficios. Josif Stalin mató más gente que Hitler. Y lo hizo en ejercicio de la revolución socialista. Incluida la muerte alevosa y a distancia de León Trostki.

Esto precisamente no era lo que se consagraba bajo los ojos de un hombre bueno como Joe Biden, quien ingenuamente creyó que del llamado Acuerdo de Barbados iba a salir triunfante la voluntad del pueblo. Cualquier sacrificio, pensó, valía la pena en aras a recuperar el juego abierto y noble de la democracia, en esa Venezuela tan cercana a nuestros afectos. Pero todo era un engaño. Las cartas estaban marcadas por el señor Maduro y la camarilla de Diosdado Cabello y los demás. Engañaron y siguen engañando y haciendo creer con desfachatez que ellos son los buenos. Y que los nobles y justos son los malos.

Llevan cerca de dos mil presos políticos y un número superior a treinta muertos.

Fue dramático cómo el domingo 28, a una hora calculada de la noche, hicieron creer que los demócratas encabezados por María Corina, la heroína, habían dispuesto un saboteo técnico a los registros electorales y, brincándose por encima de los resultados, cuando Edmundo González doblaba al bellaco, este dizque había ganado. La camarilla entonces le entregó la credencial y asumió como electo ante el mundo, haciendo creer la mentira. ¡Prestidigitación! ¡Ah, porque ellos son los buenos y los justos son los malos!

Entonces, cuando el pueblo lleno de la indignación que produce la infamia salió a las calles en ríos humanos y expresaron su repudio tratando de reivindicar la democracia, los miles y miles de la protesta fueron aplastados por los colectivos de Maduro y por la fuerza bruta. Fue la madrugada del 29.

Y vino el terror de los muertos y desaparecidos y presos bajo la ignominia de la dictadura. Y mientras el mundo palpaba los horrores de aquellos sucesos, se reunió la OEA, bajo la mirada de la democracia. Iban a exigir elementalmente que enseñaran los registros electorales que daban el triunfo a Maduro. Por cierto, María Corina había logrado obtener copia de tales registros como representante del partido democrático que apoyaba a González. Y se redactó, por parte del Secretario General -el uruguayo Luis Almagro-, un proyecto de resolución que así lo ordenaba.

Pero la política del acomodo y la complicidad hizo que la aprobación de la resolución no se lograra porque faltó un solo voto. Hubo 17 abstenciones, entre ellas la de Colombia, que no permitieron que se aprobara. Y la cosa se quedó así, en la Organización de Estados Americanos. ¡¡Oh infamia!! Es decir, estaban ganando los malvados.

Seguirán llenando cárceles y tumbas. Y seis años más de gobierno que se extenderán a toda la vida del señor Maduro. Así ya esté maduro. Mientras tanto, la economía seguirá cayendo y las emigraciones se aumentarán por carreteras pobladas de caminantes parias y sin destino. Cuadro doloroso, para que el cocodrilo baile como le gusta y se le mida a aquello que los italianos llaman la ‘dolce vita’.

ha desempeñado puestos públicos como juez del Circuito, Conjuez del Tribunal de Cali, Secretario de Gobierno de Cali y alcalde encargado, embajador de Colombia en Polonia y en la ONU. Ha sido delegado a varias conferencias internacionales como la OIT en Ginebra

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