¡Alba Lucía, la empresaria!

Escuchar este artículo

¡Alba Lucía, la empresaria!

Diciembre 13, 2019 - 11:35 p. m. Por: Julián Domínguez Rivera

Alba Lucía Ramírez es propietaria de una microempresa que provee material quirúrgico a centros médicos públicos y privados en el Valle del Cauca. Después de trabajar varios años en una entidad financiera y en una multinacional del sector de la salud, esta economista decidió hace 25 años crear su propio emprendimiento para hacerse un espacio en un mercado competido, a partir de servicio al cliente y soluciones rápidas.

Cumple con todas sus obligaciones legales y tributarias y genera cuatro puestos de trabajo. Ha pasado por momentos duros y preocupaciones sobre el futuro de su empresa, que la han llevado en ocasiones a pensar en ‘tirar la toalla’, pero con mucho tesón ha persistido.

Ella es una de las 1.496.327 microempresas que existen en el país que, sumadas a las 91.134 pequeñas empresas, constituyen el 98% de las empresas colombianas, las cuales generan 3.584.079 empleos formales, que representan el 48,5% de los puestos de trabajo de las empresas del país.

Su caso es el de personas que usted, amable lector, conoce: su familiar o amigo, o quizá usted mismo que, con creatividad y paciencia, han sacado adelante sus negocios, y por eso merecen el reconocimiento de un país que les debe mucho.

Una labor que contrasta con la concepción que quiere hacer carrera en el imaginario de los colombianos sobre los empresarios. Con frecuencia se habla de ‘clase empresarial’ en narrativas y mediciones de firmas encuestadoras, como si se tratara de un sector distante o distinto al resto de los colombianos, lo que genera una barrera inmediata frente a ellos.

¿Por qué esto resulta costoso? Porque quienes satanizan a los empresarios pasan por alto que ellos son esenciales para el equilibrio económico y social del país, no solo porque en su conjunto generan más de siete millones de empleos, el 50% de los puestos de trabajo formales, sino porque vía tributación son la principal fuente de recursos para los programas públicos de equidad social.

Destruir la confianza empresarial y atacar la libre empresa es un autogol al bienestar de una nación. No por recurrido, se debe dejar de mirar el mal ejemplo de Venezuela que prácticamente acabó con la iniciativa privada.

La paradoja es que siendo los empresarios fundamentales para incrementar el bienestar de la población, su apreciación favorable viene a la baja, como lo arroja la reciente encuesta de Gallup, resultado del esfuerzo de algunos sectores de generar una ideologización negativa de la actividad privada. ¿Saben quiénes lo hacen que países como China cimentaron su progreso con base en el sector empresarial?

De allí que uno de los principales argumentos de quienes rechazan la reforma tributaria que se discute en el Congreso, sea que beneficia a los empresarios, cuando precisamente lo que se busca es irradiar inversión, crecimiento y empleos para los colombianos, poniendo la tributación empresarial en los mismos niveles de países como Brasil, México y Perú.

Colombia no debe caer en la trampa de quienes buscan destruir una de sus principales fortalezas: el espíritu emprendedor de su gente, cuando lo que requiere es incentivarlo brindándole herramientas normativas, financieras y técnicas para que siga floreciendo.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS