El caso Coronell

El caso Coronell

Junio 12, 2019 - 11:40 p.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Durante muchos años juzgué que el hombre más valiente que yo había conocido era Alfonso Santacoloma Román, quien después del asesinato de don Andrés, su padre, sabía que el próximo a caer sería él, porque estaba en la lista que ‘El Cóndor’ iba ‘chuliando’, en la que aparecían los firmantes de la carta a El Tiempo en la que diez bragados liberales tulueños denunciaban las actividades criminales del jefe de la pajaramenta local. Antes de Alfonso, fueron asesinados don Andrés y Aristides Arrieta Gómez. Escapó de milagro, con un tiro en la cara, Ignacio Cruz Roldán.

En una reunión en Bogotá a principios de 1957, a la que asistimos mi padre y yo en la oficina de Alberto Lleras Camargo, a la sazón jefe único del Partido Liberal, el expresidente le manifestó a Alfonso Santacoloma que era imperiosa su salida de Tuluá, por el grave riesgo que corría.
Alfonso, con sus ojos verdes de mirada penetrante, agradeció la sugerencia del prócer pero dijo que él no le iba a dar gusto a los bandidos, mostrándoles temor por su vida. Un mes después, frente al Club Colonial, mientras estacionaba su vehículo fue acribillado por uno de los sicarios del ave de rapiña, cuyo nombre en placa de bronce exornaba la puerta de la sede de un directorio político en mi solar nativo. Blanco es, gallina lo pone…

Después de Alfonso, he topado con otros corajudos que no se arredran ante el peligro. El ‘tipo más macho’ de los días que corren, es Daniel Coronell, el jefe de noticias de Univisión, la cadena latina más importante de Estados Unidos, que tuvo que irse a vivir a Miami por las constantes amenazas que sufría en Colombia por ser el más obcecado crítico de Álvaro Uribe y de su séquito. A toda columna que publicaba se respondía con una denuncia penal por injuria y calumnia. Ninguna prosperó.

Al leer la última columna de Coronell en Semana, quedé asombrado por la dura censura que le hacía al medio al que servía. Pensé que se le había saltado el fusible y que ha debido formular un reclamo menos ácido para hacer ver su inconformidad. Al parecer, a Felipe López Caballero, copropietario de Semana, no le gustó la conducta del periodista y le canceló su columna, haciéndole más daño a la revista que al expulsado. Muchos conocidos míos cancelaron la suscripción en protesta.

He resuelto, con la vejez, no hacer actos primos ante algo que me moleste. Desde luego, me molestó, como suscriptor de Semana desde su fundación hace 37 años, que ya no volviera a disfrutar los escritos de Coronell, el recio periodista que ha tenido el coraje de denunciar a los que se consideran enviados de Cristo a salvar la patria, que debieron estar felices por haber logrado silenciar al más duro contestatario.

No consideré cancelar mi suscripción a Semana porque es excelente revista, que analiza en detalle todos los aconteceres del país y del mundo, con una gran objetividad y que cuenta con otros valientes como María Jimena Duzán, Antonio Caballero y Daniel Samper Ospina.

Pero debo decir que la revista había perdido, con la expulsión de Coronell, al mejor y más leído de sus colaboradores. Creo que la más damnificada era Colombia pues bajo el ojo crítico de Daniel, a tanto perverso le da temor seguir causando perjuicios al país.

Semana, en armonía con su historial en defensa de la libertad de prensa, resolvió reincorporar a Daniel Coronell, y eso nos llena de alegría a sus fieles lectores. No hacerlo hubiera sido un error monumental.

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