2019

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Enero 02, 2019 - 11:40 p.m. Por: Jorge Restrepo Potes

El año que ahora comienza trae para los colombianos una serie de inquietudes pues el panorama nacional tiene de todo menos que apacible, especialmente para el presidente Duque, que no ha podido sintonizar la brújula con el timón de la nave del Estado.

No veo fácil cómo el bisoño mandatario pueda modificar el rumbo y tomar la senda del buen gobierno. De entrada mostró su inexperiencia en el manejo de su cargo en un país tan complejo como el nuestro asediado por tantas plagas: guerrillas, narcotráfico, caída del precio del petróleo, que golpea duro el presupuesto nacional, que obliga a una reforma tributaria impopular.

Una tensión social que saca a las calles a los inconformes empezando por los estudiantes que exigen mayores recursos para las universidades públicas, sin que haya de dónde obtener la plata; un gabinete en el que los novatos son novatos, y los que no lo son tienen muchas debilidades, como los ministros de Hacienda, Defensa e Interior -todos uribistas-, que quitan más de lo que aportan.

Los uribistas me dicen que Duque recuperará el favor popular este año. Lo que no dicen es la manera de lograr esa recuperación. El Presidente -ya lo he dicho aquí- es un buen señor que ni estaba ni está preparado para el reto que le llegó a sus manos por la generosidad del patrón.

Y con la experiencia sucede un fenómeno especial: que no existe ninguna universidad de aquí o de afuera que enseñe a transitar por los escabrosos caminos del poder. Desde luego, hay estudios avanzados de ciencia política, pero hay cosas que no da Salamanca y solo se adquieren con un trajín largo de la política. Duque no ha sido más que un funcionario de segundo nivel el BID, con solo seis funcionarios a su cargo.

El único decreto que firmó en su vida al llegar a la Casa de Nariño fue el de nombramiento de Jorge Mario Eastman como secretario general, lo que hizo para poder suscribir el decreto designando gabinete ministerial. Experiencia, cero. De ahí los palos de ciego y que saltan a la vista con la absurda reforma tributaria que lo hundió en las encuestas, y la horrenda terna para fiscal ad hoc, dictada por Uribe. Así cómo, decía mi abuela.

Y como si todo eso no fuera bastante, en octubre habrá elección de concejos, asambleas, alcaldes y gobernadores. Quienes estamos en la oposición con el movimiento En marcha participaremos en esa justa, solos o en alianza con otras fuerzas políticas, para llevar a esos cargos a personas comprometidas con el cambio y con la lucha contra la corrupción.

Yo tengo cierto optimismo que no me abandona ni aún en los peores momentos difíciles que he vivido. Colombia no desaparecerá con Duque ni nos volveremos como Venezuela, pues una las ventajas de la democracia es que todo gobierno, bueno o malo, tiene fecha de vencimiento, como los medicamentos.

Es posible que si Duque logra zafarse de las bridas que le puso Uribe desde el día de la posesión e integra un gabinete con las mejores inteligencias del país, el Presidente puede llegar al 2022 sin mayores traumatismos.

Esa recomposición del Gobierno tiene que hacerla a más tardar en este mes, porque como decía Carlos Holmes Trujillo, el padre del Ministro de Relaciones Exteriores, si no se resuelve el problema social, estallarán las calderas de la inconformidad.

Ojalá el presidente Duque se dé cuenta de la inquietud que bulle en las calles y se comprometa a enderezar el rumbo, como le ha pedido su ‘Presidente eterno’.

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