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Junio 17, 2020 - 11:40 p. m. Por: Jorge Restrepo Potes

El 27 de noviembre de 1949, el dirigente conservador Laureano Gómez fue elegido presidente de la República en solitario pues el Partido Liberal, sometido a inclemente violencia oficial por el régimen de Mariano Ospina Pérez, se vio forzado a abstenerse de participar en esos comicios por falta de garantías, al punto de que en la plazoleta de Bavaria en Bogotá, la tropa disparó contra el candidato liberal Darío Echandía, a cuyo lado cayó muerto su hermano Vicente y tres acompañantes.

Gómez incrementó la persecución contra el liberalismo. A los 15 meses de su posesión tuvo que retirarse del cargo por motivo de salud, y asumió el designado Roberto Urdaneta -el tenebroso Sordo-, que no se quedó atrás en su acoso a los rojos.

El país se disolvía pues nadie parecía interesado en detener esa hemorragia. En la mañana del 13 de junio de 1953, Gómez, alegando que el industrial antioqueño Felipe Echavarría había sido torturado en una guarnición militar, le exigió a Urdaneta que destituyera al comandante de las Fuerzas Armadas, el general Gustavo Rojas Pinilla. Urdaneta se negó, y Laureano reasumió el mando. Al ser informado Rojas de que lo iban a destituir, ingresó a la Casa de Nariño, le propuso a Urdaneta que continuara gobernando, y como éste condicionó su permanencia a la renuncia del titular, Rojas apoyado por Ospina Pérez, ya éste enemistado con Gómez, dio el golpe de Estado.

El presidente depuesto salió al exilio, y Rojas continuó gobernando hegemónicamente con el Partido Conservador, que era el de sus entretelas.

Los liberales vimos una luz, pero fue de semáforo, pues si bien Rojas prometió devolver la paz política, al año un destacamento del Ejército detuvo a bala una manifestación estudiantil en la que murieron 25 jóvenes, entre ellos Uriel Gutiérrez, que se convirtió en el símbolo de la oposición.

De ahí en adelante Rojas aplicó mano dura. Clausuró El Tiempo y El Espectador, volvió la censura de prensa y de opinión, y se dedicó a los negocios. Adquirió propiedades valiosísimas, como el ingenio azucarero Berástegui en la Costa Atlántica, y sus hijos se convirtieron en prósperos empresarios. Su hija, María Eugenia, casó con Samuel Moreno y de esa unión nacieron los emprendedores Samuel e Iván, ambos hoy en la cárcel por el carrusel de la contratación en Bogotá.

Los liberales buscamos a Alberto Lleras quien se desempeñaba como rector de la Universidad de los Andes, le entregamos la jefatura única del Partido, y el expresidente logró convencer a Laureano Gómez de que se hiciera un pacto entre los dos partidos tradicionales para sacar a Rojas del poder e iniciar lo que se llamó el Frente Nacional, que dispuso la alternancia de ambos en la presidencia por 16 años, y paridad en las corporaciones, en la Justicia, y en todos los cargos públicos. El mitimiti total, que dio severo golpe a la democracia.

Como el pueblo colombiano padece de amnesia, Rojas estuvo a punto de volver a la presidencia en 1970. Nos salvó la determinación patriótica de Carlos Lleras Restrepo que impidió la catástrofe. De todo esto hace 67 años. Yo cursaba 6º de bachillerato, y gocé tanto con el ascenso como con la caída de Rojas el 10 de mayo de 1957, porque el chafarote fue cómplice necesario, cuando ejerció la comandancia de la Tercera Brigada en Cali, de León María Lozano, El Cóndor, supremo ejecutor de la violencia en Tuluá. Conservo una foto en la que aparecen ambos sonrientes, como dos buenos amigos.

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