La nueva política

Mayo 17, 2022 - 11:55 p. m. 2022-05-17 Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Decimos que la historia es maestra de vida, que ignorarla es someterse a cometer los errores que ya otros han cometido. Pero también decimos que nosotros tenemos capacidad para olvidar, no retenemos las experiencias vividas o no le dedicamos el tiempo necesario para repensar el camino ya recorrido y llegamos a sentir tal indignación cuando, como lo dice el libro de la Divina Comedia en su prólogo, “en el medio del camino de nuestra vida, nos damos cuenta que la vía derecha la hemos perdido”.

Y el Evangelio nos dice hablando de lo mismo: “¿Con qué podemos recuperar nuestra vida, si por mal uso la perdemos?”. Pero no es reaccionando con violencia contra el otro, o destruyendo la imagen de los opositores o ilusionando con ideologías populistas que alienan la mente y la conciencia de los pueblos con la aparición de los falsos mesías.

Es un espectáculo triste el que estamos viviendo en estos días alrededor de la búsqueda de la Presidencia en Colombia. Seguimos viviendo la misma historia, solo cambian las personas pero no cambia la intención para que la lucha por el poder sea la lucha por el servicio, por la búsqueda del bien común. Por la creación de una gran nación de hermanos que en su diferencia se sienten identificados y unidos en su patria con su familia y que han sabido recoger la experiencia de los años y hoy se entienden necesarios los unos para con los otros y que solo trabajando unidos pueden conformar el país soñado, la patria deseada, el hogar de todos.

Ahora más que nunca debemos entender que si no escuchamos el grito de indignación y de desconfianza que hay en el pueblo no lograremos un futuro en paz sino violento; hoy más que nunca entendemos que hay que empezar desde abajo, una nueva política arraigada en el pueblo, un movimiento popular con el pueblo.

Por eso, los buenos políticos, los nuevos políticos debieran asumir el diálogo como el camino, el aprovechar la riqueza humana y la diferencia, a los opositores o como se les quiera llamar, los disidentes, colaboradores en la construcción de ese mundo nuevo, como una conducta; y acercarnos y mirarnos a la cara no como enemigos sino como amigos, y tener este conocimiento recíproco como método y criterio para mejor servir a los pueblos.

Vuelvo a proponer lo que nos propuso el papa Francisco, para abrir la posibilidad de ese sueño de un mundo mejor: hace falta empeñarnos en la creación de ese movimiento popular que sepa que nos necesitamos mutuamente, que tenga un sentido de responsabilidad por los demás.
Necesitamos proclamar que ser compasivos, tener fe y trabajar por el bien común son grandes metas de vida que requieren valentía y reciedumbre; mientras que la vanidad, la superficialidad y la burla a la ética no nos han hecho ningún bien.

La era moderna, que tanto desarrolló y proyectó la igualdad y la libertad, ahora necesita añadir, con el mismo impulso y tenacidad, la fraternidad para enfrentar los desafíos que tenemos por delante. La fraternidad dará a la libertad y a la igualdad su justa sinfonía.

Este es el momento para soñar en grande, para repensar nuestras prioridades lo que valoramos, lo que queremos, lo que buscamos, y para comprometernos en lo pequeño y actuar en función de lo que hemos soñado.

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