Directivos y región

Diciembre 27, 2022 - 11:35 p. m. 2022-12-27 Por: Gustavo Moreno Montalvo

La responsabilidad de quienes dirigen instituciones públicas, empresas, entidades académicas, fundaciones y gremios son enormes: sus determinaciones afectan a toda la comunidad. Con frecuencia parecen no darse cuenta.

En el suroccidente de Colombia se ha vuelto borrosa la tarea desde hace varias décadas, en parte por la penetración del narcotráfico en economía y sociedad de la periferia, más sostenida que en el resto del país, y también porque el cambio de modelo económico en 1990 motivó al capital internacional, que agregaba valor a sus productos de consumo masivo en la región, con enorme impacto social, a trasladar su sede nacional a Bogotá. Cali perdió vínculos importantes con el mundo desarrollado.

Las circunstancias hoy son críticas: Valle tiene ingreso per cápita similar al promedio nacional, pero el de Cauca solo es del orden de 60% y el de Nariño es 40% del promedio. La tasa de homicidios de Cali, Palmira, Buga, Tuluá y Cartago dobla el promedio nacional, en tanto que en Buenaventura el Estado perdió el monopolio del poder desde hace años; la ciudad está en manos de bandas criminales.

La industria azucarera, la más importante de la región, es cuestionada por muchas personas, desde el presidente Petro hasta algunos reconocidos expertos en economía agrícola, con argumentos ambientales y de rechazo al esquema de protección establecido. Además la tasa de desempleo de los municipios azucareros es mayor que el promedio nacional.

Por supuesto, la moneda tiene otra cara: la Costa Pacífica ha sido ignorada por los gobiernos, sin interés real en insertar a Colombia en la economía mundial y, por ende, en convertir a Buenaventura, único puerto importante en el Pacífico, en ciudad de gran envergadura. De otra parte, la industria azucarera es eficiente en el concierto internacional, y sobrevive pese a restricciones impuestas por la Superintendencia de industria y Comercio sin entendimiento real del asunto.

El sector privado ha avanzado en la búsqueda de institucionalidad para canalizar propuestas, como evidencia la existencia de ProPacífico, entidad que estudia e impulsa diversas iniciativas en pro de la región. Sin embargo, no se ha entendido que es preciso librar la batalla por el interés general en los ámbitos públicos de municipales y departamentales.

El sistema político colombiano es pésimo, pero todavía ofrece posibilidad de conseguir transformaciones desde las posiciones directivas de las comarcas. Se debe hacer inventario de temas para la acción, ordenar las ideas en forma sencilla y compartir el proyecto de región con toda la sociedad para discusión y ajuste, con el fin de materializar la visión colectiva, con el gobierno nacional de turno o sin él.

Será necesario estudiar muchos asuntos de manera ordenada: no hacerlo puede ser fatal para las instituciones públicas y privadas y, en consecuencia, para toda la población. La responsabilidad no consiste en formar jóvenes con el propósito de que sean buenos líderes políticos en el futuro. Se requiere participación efectiva de empresarios y academia en la discusión de lo público y el uso de sus recursos.

No se puede pensar que la tarea se hará sola. Hay que abrir la mente, identificar oportunidades y amenazas en el mundo que nos rodea y del cual somos parte, y visualizar mecanismos para aprovechar las posibilidades y mitigar los riesgos. Está en juego el futuro. No cabe marcha atrás.

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