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Universidades guarida

Julio 28, 2021 - 11:45 p. m. 2021-07-28 Por: Gustavo A. Orozco Lince

Ni en Ciudad Gótica, pensaría uno, existen rincones donde la ley se suspenda por el antojo de unos pocos. Ni allá donde la fantasía manda, se hace realidad el delirio de cualquier bandido de hacer lo que le venga en gana. Pero en estos lares ya estamos acostumbrados a que el realismo mágico supere cuanto género exista.

Es que efectivamente en Colombia hemos sabido cumplir el sueño de cualquier radical que prefiere el caos o de cualquier criminal que lo quiere para cometer sus fechorías. Las universidades, como lo vemos una y otra vez con la del Valle, se han convertido en áreas peligrosas de tolerancia extrema del delito.

Blindarse bajo la autonomía universitaria para convertirlas en zonas vetadas para cualquiera que lleve un uniforme, es equivocado y peligroso. Con ese principio, los campus se convierten en zonas donde no hay ni ley, ni justicia, ni nada. Solo lo que mande el fulano de turno. Lo mismo que quiso y logró, con éxito rotundo, la guerrilla con el Caguán.

Y aunque el crimen y el terrorismo es juntar peras con manzanas, logran lo mismo con sus conquistas de tolerancia: marcan líneas rojas para la autoridad más básica. Permitirlas como guaridas de unos pocos es contrario a las obligaciones más elementales de un Estado que funcione. Aún más en ciudades como la nuestra donde aún sin gabelas adicionales los ladrones, asesinos y demás ilegales ya pululan y reinan.

Unos dirán que los jóvenes necesitan espacios para su desarrollo, otros que la Fuerza Pública se excede. Y ambas cosas podrán ser ciertas. Pero lo que también necesitamos es dejar de abrir espacios para los radicales y criminales que ponen toda una ciudad patas arriba cada que se les antoja. Ya somos la ciudad con más homicidios en Colombia, la más afectada por los bloqueos, la de menor inversión en seguridad por habitante entre las principales. ¿De qué lado es que estamos?
¿Mejoramos las condiciones para los que nos ponen entre la espada y la pared? ¿O vamos por lo obvio de proteger nuestras vidas y nuestra tranquilidad?

La seguridad, siempre, vendrá en sacrificio de algún grado de libertad. Es imposible sin esa transacción. Pero ya es hora de que lo asumamos. O nos ponemos la correa y entendemos que este nivel de desastre y muerte no es normal, o seguiremos jugando a encontrar el topo y nunca poderlo dejar bajo tierra. Y eso es precisamente lo que necesitamos: vencer al crimen y la violencia de una vez por todas.

La respuesta empieza en lo más lógico pero bien escaso, la aplicación de la ley. En todos los rincones y para todos. Nadie, ni los estudiantes, pueden tener carta libre para justificar exenciones. Ya es hora de dejar el discurso doble y empezar a hacer lo que también se pide. Formarse y ser adultos requiere asumir sus actos, hasta cuando son delictivos. Y mientras eso pasa, adelante todos los verde oliva, porque acá no puede haber más guaridas.

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