De la historia de Cali

No sin esfuerzo, pude terminar los tres tomos de la ‘Historia de...

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7 de ene de 2013, 12:00 a. m.

Actualizado el 22 de abr de 2023, 11:16 p. m.

No sin esfuerzo, pude terminar los tres tomos de la ‘Historia de Cali en el siglo XX’, publicados por la Universidad del Valle y a cargo de la facultad de Humanidades.Digo no sin esfuerzo, porque luego de la esperanza que me despertó la lectura del primer volumen, sufrí fuerte desilusión en el segundo y casi pena en el tercero, aunque su remate sea un muy buen ensayo de Luis Carlos Castillo.Comprendo que una obra de estos alcances, con tan gran cantidad de colaboradores, tenga el pecado de la desigualdad, tanto en la calidad de la investigación como en la prosa. Pero me parece inaceptable que los autores del segundo tomo, que trata del jugoso tema de la política, se hayan casi que limitado al análisis de la mecánica electoral, desconociendo todo el trasfondo económico de las diversas posiciones políticas, lo mismo que los respectivos conflictos de intereses. Ya esto lo anotó Óscar López con toda razón.Pero, sobre todo, porque nos quedaron debiendo una buena investigación y exposición de los hechos del período de la violencia liberal-conservadora, y el papel en ella de algunas instituciones del Estado como el tristemente célebre SIC. Sabemos, por aproximaciones previas, que aquel fue un período decisivo, tanto en la conformación política de los municipios vallecaucanos, como en el desarrollo y crecimiento de Cali. También que se modificó el mapa de la propiedad rural y se generaron algunas fortunas ligadas al poder hacendatario. Sigue siendo un tema pendiente de la academia universitaria.También recibí con sorpresa los análisis realizados con motivo de la creación del departamento del Valle y el papel de Cali en aquellos acontecimientos. Los autores que mencionan el asunto se olvidaron, o no conocen una cuestión fundamental: las reformas al régimen departamental, iniciadas por Rafael Reyes tenían como propósito principal debilitar al Cauca y a Bolívar, las dos enormes regiones que le hacían contrapeso a Santafé de Bogotá desde la época colonial, sin lo cual el país no podía ser centralizado alrededor de la capital de la república. Las elites bogotanas aprovecharon hábilmente los sentimientos de autonomía provincial existentes en los dos grandes departamentos.Tampoco encontré interpretación de la postura política de la dirigencia caleña y vallecaucana en coyunturas claves como la separación de Panamá -mentada por Jacques Aprile en el tomo 1-, la propia violencia liberal-conservadora, el desmonte del Ferrocarril del Pacífico, la captura clientelista de instituciones esenciales como Empresas Municipales de Cali, la usurpación de propiedades públicas por parte de constructores privados o el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Más cerca, la ‘apertura económica’ de César Gaviria.El tomo 3, con ya dicha excepción del ensayo de Luis Carlos Castillo, duele por el sesgo ideológico de los autores, empeñados en glorificar a los militantes y amigos del Partido Comunista en Cali en casi todos los aspectos de la cultura. De allí que omita la historia literaria de la ciudad, en la que poco hay que decir de aquellos ‘compañeros de viaje’.No es el caso de Castillo, ni de María Victoria Casas o Manuel Sevillano, aunque ellos saben que tienen una deuda con la historia de la música popular en la ciudad. En fin, un esfuerzo intelectual que está por debajo de los precedentes sentados por la propia Universidad del Valle.

Profesional en literatura de Univalle, estudios en antropología e historia. Exgerente Cultural del Valle, ex-gerente de Telepacífico. Fue director Biblioteca Universidad Autónoma de Occidente. Escribe en El País desde el 2004.

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