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Era un buen chico

Enero 06, 2021 - 11:45 p. m. Por: Gerardo Quintero

El periodista Anderson Zapata recuerda hoy en Twitter que hace quince días murió su amigo Andrés Felipe Guevara, el joven comunicador del periódico Q’hubo que había sido mortalmente herido en un atentado en el barrio Mariano Ramos, el lugar donde se crió. Quince días en que todo ha quedado en sombras. Una muerte más en esta ciudad de balas y sangre. En la capital de la muerte, del robo, del atraco y del silencio.
Donde las bandas criminales tienen sitiados los barrios populares y donde el crimen se moviliza impune, sin respuesta de la Fiscalía ni la Policía.

“Se llama nostalgia, y sirve para recordarnos que, por suerte, también somos frágiles”, nos recuerda el escritor italiano Cesare Pavese. A Felipe y Anderson los conocí en la UAO, les di las primeras lecciones de periodismo a ambos. De alguna manera les enseñé a amar este bendito oficio, de alguna forma les inoculé un poco de este virus que nos pone a vibrar cuando informamos, cuando contamos historias. En dos momentos nos encontramos en diferentes clases. Y recuerdo a Felipe como ese joven inquieto, dueño de ese hablado de caleño de barriada que me recordaba tantas veces mis propios comienzos.

Me dolió su muerte, me conmueve la tragedia de su familia. Me duele el silencio, el mutismo de la prensa local, nacional. Felipe era un verdadero ‘cargaladrillos’, llevaba poco en el periodismo judicial, pero el mensaje que mandaron los violentos es claro. Silenciar a quien denuncia. Ayer capturaron al presunto asesino, un adolescente de 16 años. Tristemente, las muertes violentas son nuestro paisaje cotidiano. Dolorosa la de Felipe porque su familia se quedó sola. No conoció a su hijo que estaba por nacer. En un par de meses ya nadie se acordará de él. No era el periodista famoso, que se vanagloriaba de sus premios, de sus amigos poderosos, de apellidos de abolengo, simplemente era un obrero del periodismo. Su familia continuará sola, intentando sobreponerse. Ninguna noticia merece una vida y menos cuando se percibe el desprecio con que tratan a los periodistas.

Felipe era un buen chico, lleno de sueños, ‘mamador de gallo’. Agradecido, buena gente. Se lo recomendé a Rubén Darío Valencia, editor de Q’hubo, porque reunía el perfil que se necesitaba para trabajar en ese querido diario. Mi amigo Rubencho le dio la oportunidad y fue feliz, me lo dijo muchas veces. Con Anderson, su gran ‘panita’, soñaron y llegaron a la ‘Casa grande’ de la Carrera Segunda con 24.

Lamento su partida y la soledad de su familia. Nadie debería morir tan temprano. Nadie debería morir por hacer su trabajo. Felipe será una estadística más en una ciudad que ya no reconozco, que no es ni la sombra de la que se enorgullecían nuestros padres o nuestros abuelos. Siquiera se murieron los abuelos para no ver esta vergüenza. A Cali la perdimos hace ya un buen tiempo. No importa quién llegue. Cali además de ser la ciudad de la furia, es la ciudad del crimen organizado, es la Chicago de los años 30. Terrible aceptarlo pero Cali duele, sobre todo, atemoriza.

Sigue en Twitter @Gerardoquinte

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