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Gerardo Arellano, el cantor vallecaucano

Y es que cantaba contando, que no es lo mismo que contar cantando, y así se ganaba el aplauso del respetable, que lo ovacionaba...

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Mario Fernando Prado
Mario Fernando Prado. | Foto: El País.

20 de feb de 2026, 02:28 a. m.

Actualizado el 20 de feb de 2026, 02:28 a. m.

El reconocimiento que le hicieron en días pasados bajo el liderazgo de la gobernadora Dilian Francisca Toro (que parece tener el don de la ubicuidad, porque está en todas partes) a nuestro intérprete mayor Gerardo Arellano Becerra estuvo de alquilar balcón.

Primero, porque se ratificó y se consagró como el mejor de toda la historia de nuestro departamento, y segundo porque se inmortalizó con la estatua (que no busto) que fue develada en el nuevo parque lineal de la Ciudad Señora, la cual permanecerá allí per secula seculorum, a no ser que cualquier grupo de desadaptados la profane y la tire al suelo como hace poquito lo hicieron con la cabeza de Guillermo León en la sacrosanta Popayán de mis amores.

No obstante, la mencionada estatua -y como era de esperarse- no dimensionó a quien se atrevió a entonar el funiculi-funicula en cualquier amanecer bohemio de Milán y quien prestó su nombre para bautizar el Coliseo Ginebruno que tanto se honra con su nombre.

Y tampoco reflejó ese rostro afable y bonachón que conquistó y sedujo a lo más granado de nuestra comarca con su carita de yo no fui y su voz que aterciopelaba los corazones más esquivos.

Díganmelo a mí, que fui testigo ocular, mas no compinche ni cómplice de sus secretas picardías, porque todo lo conquistaba con esa venerable personalidad arrolladora que le acompañó toda su escasa vida.

Y es que Gerardo cantaba contando, que no es lo mismo que contar cantando, y así se ganaba el aplauso del respetable que lo ovacionaba, volviendo una tarima la silla donde se sentaba.

Desafortunadamente, y como dice la ranchera: “una bala atravesó su corazón”, pero no la de Pablo Escobar, sino la de Indumil, lo cual está probando su hijo Federico desde hace varios años y a fe que lo está logrando.

Pero el legado musical de Gerardo se quedó aquí y no ahí porque hoy cantamos todas sus melodías, desde La Porra Zaina hasta todos los bambucos y pasillos habidos y por haber, y ni hablar de los bolerazos eriza-brazos y las baladas saca-lágrimas, en lo que fue un verdadero crack.

Guadalajara tiene ahora un nuevo milagroso, próximamente visita obligada de los miles de feligreses que van donde el negrito que hace milagros con el cuerpo y que Gerardo los hará en el alma y en el corazón de quienes se den una pasadita por el parque lineal de su natal Buga.

Posdata. ¿No les parece paradójico que a los críticos del alcalde, cuando les pavimenten sus calles, inmediatamente comienzan a hablar bellezas de Eder?

Posdata 2. En este país no pasa nada. Entre más corrompisiñas le descubren a Petro, más se le afianzan sus ciegos seguidores y todo porque siempre las denuncias y hasta las pruebas no quedan en nada.

Posdata 3. Nos unimos o nos jodemos.

Posdata 4. Yo hablo bien de Cali. ¡Hazlo tú también!

Administrador de Empresas, Abogado y periodista por vocación. Director y fundador de MF Publicidad Mercadeo Limitada, al igual que de los programas Mario Fernando Piano y Oye Cali. Galardonado en dos oportunidades con el premio Simón Bolívar de periodismo. Escribe para El País hace más de 40 años.

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