Protesta y autonomía

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Protesta y autonomía

Septiembre 29, 2019 - 06:50 a. m. Por: Francisco José Lloreda Mera

En la misma semana, estudiantes de varias universidades de Bogotá, pedían acabar con el Esmad, y un grupo de encapuchados arremetía contra las oficinas del Icetex. En el primer caso proliferaron las voces en contra de los presuntos abusos de la policía, en el segundo primó el silencio ante los desmanes contra la financiera educativa. Dos hechos aislados pero ligados, que obligan a pensar en la reglamentación de la protesta social.

En el caso de la protesta frente a la Javeriana, sede Bogotá, denuncian que hubo abusos del Esmad: agresión física y gases lacrimógenos contra quienes se manifestaban de forma pacífica. Y cuestionan el ingreso de la policía a predios de la institución e incluso hasta el Hospital San Ignacio, poniendo en riesgo a pacientes y a personal médico. Se trata de una doble discusión: la del uso de la fuerza y la de la autonomía universitaria.

El Esmad tiene por función el manejo y control de disturbios, multitudes y desbloqueos de vías, entre otros: contribuir a restablecer el orden público y la seguridad ciudadana. Pero no de cualquier manera, en el marco de la ley, haciendo un uso proporcional de la fuerza, de ser requerida. De ahí la importancia de esclarecer lo sucedido, pues si bien se trata de un grupo élite de la policía, entrenado para tal fin, no es un escuadrón infalible.

Los hechos, sin embargo, no suelen ser blancos o negros. Hay protestas que inician de manera pacífica y se tornan violentas. En la mayoría de los casos sucede cuando en estas participan o se infiltran quienes quieren sembrar el caos, sean estudiantes o criminales, con o sin capucha. La que estaba llamada a ser una protesta pacífica, como lo manda la ley, se sale de control y en medio de la confusión se presentan desmanes de lado y lado.

Un ejemplo, lo que pasó en el Parque de los Periodistas en el centro de Bogotá donde al finalizar la marcha estudiantil del viernes, un grupo de encapuchados asaltó la sede el Icetex. La manifestación había mutado; de protesta pacífica se convirtió en instrumento de los violentos, echando por la borda la razón de ser de la protesta inicial. En esta ocasión y contrario a lo que pasó con el Esmad, muy pocos censuraron el hecho.

En el caso de la Javeriana y a juzgar por la información de prensa, de un momento a otro la protesta sobre la Carrera 7ª se volvió violenta. El Esmad intentó disolverla, quienes se expresaban pacíficamente, al parecer mezclados con los que no, se replegaron hacia el interior de la universidad, con la policía detrás. Si era necesario que la fuerza pública ingresara a la sede educativa, hasta el hospital, es con toda razón, materia de discusión.

Y lo es, porque en este caso la protesta social per se, se traslapa con la discusión de la extra-territorialidad de la universidad, tesis ligada a la autonomía universitaria. He sido del criterio de que ésta no es ilimitada y que la fuerza pública, bajo ciertos parámetros, está no solo autorizada, sino que es su deber ingresar a los campus de las universidades, para restablecer el orden. No está claro si en el caso de la Javeriana era indispensable.

Es ingrata la labor del Esmad, pues cuando lo hace bien, que es la mayoría de las veces, nadie se lo reconoce y cuando se equivoca uno de sus miembros, todos le caen encima. La protesta social es un derecho constitucional, pero no es ilimitado, como tampoco lo es la autonomía universitaria. Protesta con violencia no es protesta, es un acto delictivo; y protesta que vulnera los derechos de terceros, tampoco es protesta, es un atropello. Es hora de reglamentar la protesta social, gústele al que le guste. Por el bien de todos.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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