¿Por qué?

¿Por qué?

Junio 23, 2019 - 06:50 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

¿Por qué no hemos logrado tener la infraestructura vial que el país necesita para estar bien comunicados y ser más competitivos? ¿Por qué las obras tardan eternidades y sus costos terminan siendo exorbitantes? ¿Por qué otros países de la región tienen buenas autopistas, incluso de montaña, y el nuestro no? ¿Por qué, con algunas excepciones, nos ha quedado grande como país tener una infraestructura vial que sea orgullo nacional?

Eso nos preguntamos muchos colombianos ante situaciones como la de la vía al Llano, para no recabar en el vía-crucis de la construcción de la doble calzada a Buenaventura o la Ruta del Sol. Es increíble e inaceptable que a estas alturas del Siglo XXI un derrumbe deje prácticamente incomunicado medio país con un efecto devastador en su economía, siendo paradójicamente una de las regiones más ricas y que más recursos aporta al país.

Señala el diario El Tiempo del 9 de diciembre de 2003, que en septiembre de 2002 “se dio al servicio la última obra que faltaba para culminar el proyecto de la vía Bogotá-Villavicencio”. Dice que tuvo un costo de $181.358 millones de pesos, que la obra tomó 7,8 años, tres gobiernos (Gaviria, Samper y Pastrana), y que por fin un sueño que inició hace 260 años era una realidad. Seis años después no es una realidad, es una pesadilla.

Tan es una pesadilla que según la revista Semana se han invertido 8 billones de pesos en la vía y no está terminada. Es más, solo hay dos segmentos en doble calzada y para terminar la misma se requieren 2,37 billones más. Sin perjuicio de rehacer el puente de Chirajara y solucionar el reciente derrumbe en el kilómetro 58. Es decir, contrario a lo que se ha dicho -e inaugurado- tantas veces, aún no tenemos una sola buena vía al Llano.

Pero más allá de lo anecdótico y de cuántas veces se ha dicho que la vía está terminada y cuántas inauguraciones ha habido, las preguntas señaladas siguen ahí, intactas y sin respuesta. Dirán que es culpa de la ingeniería, que el problema está en la corrupción, que la tardanza se debe a las consultas previas, que el problema radica en el modelo de contratación, o en la falta de recursos para hacer las obras necesarias y hacerlas bien.

Seguro es una combinación de estas y otras explicaciones, incluida la de los galpones en el caso del derrumbe en el kilómetro 58, que será el chivo expiatorio en este hecho. Con todo respeto, los problemas señalados son el síntoma de una enfermedad distinta. El problema es que no se le ha dado a la infraestructura vial la importancia que requiere. Es así que las dos vías alternas al Llano son carreteables para las necesidades del país.

El Llano no puede seguir comunicado únicamente por una sola vía principal dizque en doble calzada de Bogotá-Villavicencio. La Transversal del Sisga y la vía por Sogamoso no deben ser simples vías alternas sino principales, y la conexión al Oriente no puede seguir siendo solo por Bogotá, Cundinamarca y Boyacá: debe iniciarse cuanto antes la Conexión Pacífico-Orinoquía, conectando al Valle del Cauca con Huila, Meta y Vichada.

El desarrollo de un país se basa en tres pilares: seguridad, educación e infraestructura. Mientras eso no se tenga claro seguiremos atascados, con logros pírricos, resultado de una visión estrecha y cortoplacista de los gobiernos y de la dirigencia técnica y política. No hay razón para que Colombia no tenga la mejor infraestructura vial de la región. Su topografía accidentada no puede seguir siendo la excusa para la mediocridad: en otros países es más compleja y allá no se caen los puentes ni las montañas encima de las vías.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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